sábado, 10 de septiembre de 2022

Decir adiós es crecer

Hace poco tiempo dije adiós a mi historia de amor, amistad y complicidad más importante de los últimos cuatro años. Elegí tomar un rumbo distinto, hacer un cambio y esto fue el punto clave, ya que para mí esto del amor es central y me juego mucho allí. 


Ha sido con seguridad una de las decisiones más difíciles que he tomado recientemente y me encuentro hoy atravesando esta montaña rusa del cambio, del duelo. Porque si bien esta persona sigue viva (y espero rodeada de amor y muchas cosas lindas), murió una fase de ese encuentro entre nosotros y con ello una parte de mí. Es un adiós. No le veo desde entonces, sé muy poco de él y por supuesto que está el echar de menos, el pensar seguido en cómo le va, el enviar 'amor y luz' cada vez, como decía Liz en Comer, rezar, amar. Se fue un momento de la vida, pues. 




Pero más allá de eso, siento que esta entrada es útil porque les confieso que es la primera vez que atravieso un momento así con tanta presencia para mí. Y al hablarlo con una de mis mejores amigas, me pareció curioso el observar todo lo que implica saltar de estar con alguien: en el reto de aceptarle, de adaptarse a ese ser, de compartir lenguajes y rutinas... a estar conmigo. Hay mucho espacio, energía, silencios para observar, para modificar, para sentir.

Y también me conecta con el último duelo que tuve previo a este, que fue uno de los más largos, difíciles, dolorosos de mi vida. Muy distinto a este. En aquella vez me evadí tantísimo que me atasqué allí durante años y hoy incluso vienen elementos pendientes de allí a acompañarme en un duelo que ya no tiene qué ver con esa persona. En aquella ocasión sentí que no había terminado de vivir esa experiencia, me resistí a aceptar esa realidad y añoré que cambiara por mucho rato (hasta que el chico tuvo que sentarme en un café del centro de la ciudad para decirme que no iba nunca más). Parte de esa experiencia fue refugiarme mucho en el alcohol, en la fiesta, en distracciones que me ayudaran a no sentir todo lo que me estaba pasando en ese momento. Quise actuar desde el 'no me importa', 'estoy divinamente' y empujar dentro el dolor para que no se viera. Y saben? Siento que perdí una oportunidad allí. Me perdí de sentir el dolor y percibir qué pasaba con Diana, por estar pensando en... Darwin y en quién o qué iba a llenar ese espacio que él dejaba.

Dada esa experiencia, en esta ocasión he estado muy atenta a mis intentos de evasión y he observado en dos direcciones. 

Una, afuera. Cómo comprender estos momentos de duelo nos cuesta como colectivo. Cómo la tristeza es algo de lo que queremos salir rápidamente, alegrar al otro, decirle que todo está bien, que 'no pasa nada'. Naturalmente vibramos más fácil con las risas, el juego, la actitud extrovertida. Y poco con la calma, el silencio y la introversión. He recibido muchos comentarios en torno a: no le des tanta importancia... se trata de un fantasma... hay que moverse de allí...anímate... entre otros, que comprendo su intención amorosa de dar ánimo y recordarme que esto va a pasar eventualmente. El riesgo que corremos con eso es que se nuble la importancia de vivir esto también, en plenitud y con atención, sin procurar esquivarlo, permitirle desvanecerse con dulzura y en su propio tiempo. Y a mí me cuesta darme mi tiempo, así que eso ha sido un reto clarísimo en estos días. Me recuerda esto un poco a 'Intensamente' cuando a todos les cae mal tristeza por agua fiestas, pero a la vez sin ella, sin permitirnos sentirla, nos desconectamos de todo lo demás. Me encuentro en ese balance entre seguir la vida, y apreciar su belleza y su alegría, mientras habito esta tristeza con intensidad, con atención, muy vivamente también.

Y en lo interno, han llegado a mí comprensiones nuevas sobre todos esos consejos de 'no te vayas a una nueva relación' ... 'date un tiempo para estar sola'... y un largo etcétera, que en últimas nos hablan de que finalmente siempre se trata de nuestro proceso personal, de cómo nos sentimos internamente y que si estamos con muchos estímulos afuera, es complejo poder sentir lo que está pasando adentro. Y un momento de pérdida, sea cual sea, es un momento muy importante en la vida que merece nuestra atención. 

Para mí estos ratos siempre han sido de gran transformación. No hay otro espacio como ese para explorar profundamente nuestro ser, nuestras historias, nuestra profunda vulnerabilidad. Siento que es como la otra cara del amor: en el encuentro podemos ser vulnerables y aprender de nosotros en ese abrirnos... en el desencuentro, el adiós, también somos totalmente vulnerables y aprendemos de esa soledad. El corazón abierto es el mismo corazón 'roto', solo que con más florecitas, pero al fin y al cabo, se abre el corazón en estos lugares del amar.

Así que, así me siento hoy: poniendo atención a qué pasa con Diana. Qué siento, cómo se siente el dolor de esta pérdida, de esta distancia, de este cambio en mis rutinas y mi vida. Cómo se siente el miedo que me da estar sola, la duda de si voy a volver a amar algún día (drama total y me encanta). Cómo se siente ser feliz en medio de silencios, de espacios para mí, de estar bajo mis cobijas con nadie más que conmigo y ese suspiro de 'aquí es' que sale directo de mi útero. Encontrar ese espacio que he buscado tan desesperadamente afuera... acá, adentro. Y cómo se siente sentirme triste, sumergirme en esa emoción y atravesarla, con presencia y decisión. 

Es una conversación constante, en la que me pregunto por momentos qué estará haciendo, con quién estará, si me piensa, si le ha dolido esto... y luego la voz que me invita a cambiar de tema, a enfocarme en las nuevas ideas, oportunidades y proyectos que han surgido en medio de toda esta energía que me quedó disponible para crear mi vida de maneras diferentes. La voz que se victimiza y que siente que no fue suficiente y que nunca iba a serlo y aquella que empieza a volverse más fuerte y que me recuerda que sí, que estuvo bien lo vivido, que amé con lo que pude y con la mejor versión disponible de mí y que con eso puedo sentirme tranquila. Que no hay abandono cuando ya somos adultes, que esto de estar con alguien se trata de compartir todo lo que podemos y mientras podemos y que está bien si nos vamos cuando algo ya nos nos viene bien.

La curva del duelo me acompaña diariamente. Paso de negociar conmigo cómo no estar en este proceso, a sentir mucha rabia conmigo, con la persona, con la vida... a la tristeza profunda que me invade el cuerpo y libera a través del agua en forma de lágrimas, de sudor, de mocos que van purificando mi ser y ayudándome a transitar a nuevos escenarios, que no sé aún cuáles son y que a la vez se perfilan en nuevas amistades, momentos, experiencias, libros, música...

Y siento la delicia de estar tan presente. Este tiempo he sentido que esto de habitar aquí y ahora no se trata de estar siempre felices, sino de entregarnos a lo que está pasando completamente, sea lo que eso sea y aún así seguir gozando de la experiencia de vivir. Me alegra este momento de la no-evasión, de la no-huida, de elegirme y quedarme conmigo. En últimas de esto se trata y es una tarea muy importante para mí en mi vida. Y lo comparto porque lo siento mucho en todo mi ser y cuando algo se vive así, merece salir a la luz.

Las emociones son nuestras aliadas. No hay malo ni bueno en esto. La rabia ayuda a sostener y poco a poco se transforma en poder. Nos enseña sobre los límites: hasta dónde vamos y qué permitimos (y que NO). Y la tristeza nos cuenta sobre los ciclos de la vida, sobre la muerte, sobre la renovación y cómo se siente pasar de la primavera al verano, al otoño, al invierno... y nuevamente a que surja la alegría genuina, nueva, renovada, nutrida por las experiencias para que nuestra capacidad de apreciar se expanda. La negación permite conversaciones internas para que con atención podamos revisar lo que nos decimos, las historias que nos contamos y así elegir de nuevo y dejar lo que queremos y marchar lo que no.
 
Las experiencias recientes me han mostrado que atravesar la tristeza es importante, que dar ese espacio para sentir, aunque sea incómodo, abrumador, doloroso, es clave. Porque si podemos sentir, podemos soltar. Porque se trata de un atravesar, no un quedarse a vivir. Fluimos como las lágrimas y así no nos estancamos y estos momentos nos pueden nutrir y ayudar a expandirnos y aprendemos que la vida es bella también cuando no es todo brillo y corazones.

Confieso que también elegí tomar esta decisión antes de entrar a los días pre cumpleaños. Quería aprovechar este mes y medio de depuración para comerme esta experiencia completa, por primera vez! Agradezco infinito mi sensibilidad, mi drama, mi show (que incluye esta entrada) como parte de la posibilidad de experimentar esto hasta el fondo. Hoy siento que es un super poder y me entrego a esto con fe. Así es como aprendo a morir y a renacer 💖😌🌸🌼

P.D: Unas palabras de gratitud en el último día del año de esa persona: Gracias cariño, por tanto, incluido este momento. Gracias por toda la transformación que significaste en mí, no cambiaría una hora de lo que vivimos. Que los dioses te protejan donde vayas 🌻 

lunes, 23 de mayo de 2022

Maternar

 Hoy me encontré esta publicación de @lamalamamapodcast, una persona a quien sigo y admiro porque me da ánimo en mi ser mamá, y me resonó mucho, he aquí el tweet que retomaba:



Muchas personas que me conocen, saben que fui mamá muy joven, a los 18 años, cuando aún no había terminado la universidad. Y es interesante que apenas me doy cuenta de que no he escrito sobre esto antes acá! Ese fue un momento fuerte, retador. Quedé embarazada por accidente, no tenía un carajo de herramientas para saber cómo iba a ser la vida, pero estaba clara en mi decisión y así di el paso que trajo a mi bellísima V al mundo.

Y fue muy claro en ese momento y durante muchos años que ese mensaje de 'qué terrible la vida así, ya no vas a poder hacer nada de lo que querías...' estaba encima mío, tan poderosamente que hice mi mantra personal el que iba a abrir camino para que otras mamás jóvenes (y solteras...) pudieran ver que es posible otro camino, uno feliz, que la vida no terminó sino que apenas se abrió a nuevas posibilidades.

El estigma sobre la maternidad es real. Yo lo siento como parte de esta cultura tanática de la que ya había hablado en otro post y por eso decidí retomar esta reflexión: que la vida es maravillosa, que maternar puede ser algo hermoso, gratificante, que impulsa e inspira. Creo que nuestra doble moral nos lleva a celebrar días de la madre súper ruidosos en el que decimos que nuestra mamá es lo mejor del mundo pero dios no permita que terminemos como ella... O como la que se 'amarró' la vida por tener hijos o hijas. 

El peso de esos rótulos es enorme y tiene muchísimas implicaciones. Inspira miedos internos que nos apartan de intentar cumplir esos sueños que igual teníamos antes del "terrible" episodio de quedar en embarazo. Y eso se siente feo, frustra. Se siente como un grillete en el pie y nos nubla la visión. Está muy bien también quedarse con les hijites un tiempo largo y mimarles y abrazarles y besarles todo el día y eso no es un fracaso, es solamente una forma distinta de la felicidad, distinta de eso que nos habían dicho que era el éxito... es algo mucho más simple, es el arrunchis, y el tetero y el pañal. Y también es el trasnocho, por supuesto, pero ¿por qué eso es malo? ¿No ponemos posts súper efusivos sobre los muchos trasnochos que dedicamos a proyectos más relacionados con lo profesional y que eso es algo muy valioso y que agrega mucho valor al momento en que se consigue la meta?

Pues bueno, yo siento eso cuando miro al crío, que es tan bella, inteligente y dulce y por la que pasé ni dos ni tres noches sin dormir, jajaja. Es el resultado de esa maravilla de esos primeros años de tantos retos.

Y también pesa sobre les hijes, porque les hace sentir indignes, como que son una carga para sus madres y eso cuestiona sus existencias y facilita procesos de dolor interno que no son nada fáciles de vivir. Les convence, con otro montón de mensajes que a la humanidad le encanta esparcir en su falta de amor propio, de que están dañados y habría sido mejor que no existieran. Y nada más lejos de la realidad, sobre todo cuando la maternidad ha sido deseada, incluso cuando no ocurrió cuando a la sociedad le parecía que tenía que ocurrir o no surgió de un largo proceso de planeación (que está muy bien también, claramente).

Entonces esta reflexión es una invitación a que nos demos cuenta que sin estos rótulos el camino sería más liviano y mejor para la humanidad entera y de manera específica para estas mamás y bebés y para los padres, para ver en este caminar algo gustoso, feliz, con mil posibilidades.

La vida me ha rodeado de mamás así, exitosas, felices, amorosísimas y valientes (esto terminó siendo un feliz día de las madres atrasado) que me inspiran diariamente y me muestran que esto es una vida que se puede disfrutar muchísimo. Muchas personas que me conocen saben que la maternidad es una de mis facetas favoritas y que he cumplido los sueños de la mano de esa pequeña que me dio tanto miedo cuando llegó (y me sigue dando 😜, jajajaja) y que tantas alegrías enoooormes (rollo patronus💥) me ha traído.

Y también me rodeó de personas maravillosas que me mostraron que el mantra de vida podía ser una realidad. Tuve una amiga bellísima que estuvo pendiente de que mi carrera pudiera continuar, y amigas que me acompañaron a terminar el último tramo de la universidad con mirada amorosa y de apoyo, que no me echaron de su círculo porque mi vida había cambiado. Y luego en México tuve profesores que me permitieron asistir a clases con la niña y le dieron solamente dulzura (emocional y literal en dulces) mientras Sebas llegaba para acompañarme y poder hacer mis estudios de maestría - ese compañero amoroso del que he hablado tantas veces acá que me hizo mil veces más fácil la vida con su amor por mí y por la niña y que sin ser el papá biológico me ayudó a criarla. Y también tuve fiestas y diversión con mi amado círculo de amistades mexicanas porque lo que recibía a V cada vez eran sonrisas y disposición y películas y una red de gente que nos permitió vivir una experiencia plena de ser mamá e hija en un país que terminó por volverse nuestra casa. 

Así mismo en los trabajos encontré el apoyo y la bondad de mis jefes y compañeros de trabajo que tuvieron una disposición enorme a comprender el momento en que debía salir corriendo y que incluyeron a Victoria en el mapa 'Diana' no como un problema sino como un plus y una inspiración. Como algo lindo y que merecía y merece ser cuidado, celebrado. ¿Qué fortuna, no? Me siento enormemente agradecida, y a la vez también pienso que así podría ser para todas. Que ese es un sueño de mi corazón: la vida celebrada, acogida.

Los estigmas los construimos y destruimos y rehacemos entre todes. La vida es bella amigos y amigas y la vida llega a través de esa experiencia de maternar. No solamente hijes, claro está, proyectos y sueños y aventuras también. Y si nuestra actitud interna es más abierta y dulce a estas experiencias, pues imaginen toda la belleza que podemos crear y todo el placer de vivir que podemos potenciar. Las mujeres encontrarían más apoyo que resistencias al abrir camino como mamás y en mi opinión personal eso haría que todo fuera mejor (pero esa es otra conversación).

Yo celebro esas maternidades planeadas, dadas en el marco de lo que se espera y que producen unas familias divinas que me encanta ver, celebrar, compartir! El caso es que ese no es el único escenario y ser mamá siempre es retador (también en el cuento de hadas). En esa diversidad está la belleza, lo que nos entrega seres humanos muy diferentes y que tienen su propio sabor para traer al mundo. Qué chévere que nos podamos abrir cada vez más a acoger todas las opciones y abrazarlas y llenarlas del amor que la vida merece 💟

Este post es para mi hija amada, que me ha dado la felicidad de vivir una maternidad deseada, plena, llena de dicha. Te amo bebé! 

Y también es para todas esas mujeres que hoy viven el estigma... chicas, se puede, las abrazo y les envío todo el amor de mi corazón 💓





jueves, 13 de enero de 2022

Mi nota feminista del mes: La puta

Decía mi amado zorro del principito, que el lenguaje es fuente de malos entendidos. Y lo decía en el contexto del amarse con alguien, de querer compartirse y conocerse.

Hace un par de días hablé con una de mis personas amadas y me recordó esto en torno al arquetipo de La Puta, que, para quienes venimos explorando nuestra relación con lo femenino y resignificando lo que milenios de patriarcado han hecho, es un arquetipo muy interesante y fuente de mucho poder. La conversación me llevó a conectar con la culpa, con el no ser suficientemente buena, bien portada, acorde con las expectativas... para ser amada. Me trajo también una frase de Anaís Nin (otra puta) que me gusta mucho: 


Me movió. Me gustan estos movimientos. La rendición es un espacio en el cual aprendemos infinitamente. O así ha sido para mí... Hoy es así, escribo desde allí. 

Y entonces decidí retomar la conversación que tenía conmigo misma en la época en la que el lenguaje fue fuente de malos entendidos con mi persona querida. Debo decir que fue un momento particularmente atribulado, damas y caballeros. Hacía todo lo posible por conectar con la gratitud entonces, pero fue por esos días en que estuve en el borde de la navaja entre la vida y la muerte y todo mi entorno conmigo. Siento, ahora que lo pienso, que La Puta me dio vida, me dio coraje para seguir, cuando sentí que ya no podía más. Y por eso quiero compartir un poco sobre este arquetipo, para quien le pueda servir.

Desde el punto de vista de la espiritualidad, el arquetipo de la prostituta se asocia a los chakras básicos: el 1 y el 2. Sí, damas y caballeros, que con qué se come eso... Pues, los chakras son centros energéticos que tenemos en nuestro cuerpo y el 1 y el 2 tienen que ver con nuestros miedos y nuestra vergüenza, nos ayuda a trabajar con esto. Y también con nuestra conexión con la vida: la supervivencia, el enraizamiento que tengamos, nuestra sensación de pertenencia y nuestra apertura al placer, por supuesto. Y al dolor, también, son caras de la misma moneda. El chakra 2 nos habla además también de la conexión con las demás personas, de nuestras relaciones.

Como una aclaración que pareciera innecesaria, pero no lo es, este arquetipo tiene poco que ver con dedicarnos a ejercer la prostitución como negocio sexual o con ir a acostarse con muchas personas. No es tampoco una invitación, como si fuéramos personas disponibles para cualquiera, a que violenten nuestros límites. Y hago esta aclaración porque desde la imaginación que viene de nuestra formación patriarcal y desde el miedo que ha insertado en nosotres, la puta asusta tantísimo, esa idea de una mujer completamente liberada, que surgen tres caminos imaginarios posibles: o la mujer carece de valor porque va por ahí acostándose con todo lo que se le pase por delante (en la imaginación de quien tiene miedo); o esa mujer está disponible para cualquiera que quiera o le den ganas (y ya hemos visto las consecuencias de esto: violaciones, abusos, acosos); o esa mujer es demasiado libre, imposible de asir, imposible de amar. Esto desde una mirada más bien desde el otre. 

Y tiene su extrapolación a la mirada interna: no valgo porque mi cuerpo me define y al tener contacto sexual, me desvalorizo; no sé poner límites y permito entrar a personas que realmente no quiero; soy libre y por ello estaré sola siempre. Fuerte, no?

Esta imagen nos ayuda a comprender por qué es un arquetipo tan importante de integrar. Porque hay demasiado tabú sobre ella, sobre el placer, sobre el disfrute. La libertad se confunde con libertinaje. Nos vemos como animalitos sin autodominio (a veces lo somos), que una vez que podamos ir a hacer lo que nos dé la gana, entonces comeremos en exceso, beberemos en exceso, follaremos en exceso, haremos todo en exceso y acabaremos con la vida. Pero eso no es la libertad, no es desde ahí que hablamos de la Puta como arquetipo, todo lo contrario. Es la libertad que se logra en encontrar los propios límites y la propia provisión de amor, que nos evite ir a buscarlo donde no está: afuera.

Abrazar este arquetipo puede ser de una gran ayuda cuando estamos buscándonos y permite que identifiquemos los propios límites, que pueden cambiar, como cambia la vida: vamos creciendo, lloramos, reímos, nos movemos. Es una invitación a actuar desde la integridad: ¿hago esto para ganar algo? ¿comprometo mi sentir y aquello en lo que creo si sigo por este camino? Es muy profunda y amorosa, nos ayuda a ir por donde nuestro corazón nos indica, con valor. Y el corazón es mesurado en el daño y expansivo en su entrega.

También nos cuestiona sobre la honestidad. ¿Qué tanta disposición tengo de ser honesta conmigo misma y con les otres? ¿Qué tanto manipulo para obtener lo que quiero?

Y claro, nos invita a construir una autoestima profunda, que pueda librarse de esas obligaciones autoimpuestas en las que vivimos. La tarea de toda la vida, pues.

Entonces, retomando mi relato, en aquella época reivindiqué con mis palabras este arquetipo porque necesitaba aprenderlo y aprehenderlo, pero no se trataba de tratarme como una prostituta en ejercicio de su profesión (que bueno, también son unas bellas), sino que estaba buscando ese centro, ese lugar seguro interno, que me ha implicado muchas excavaciones, mucho trabajo, mucho indagar y mucho amor y paciencia y por el que volvería a dar la vida, como la he dado. Hoy, este centro me sostiene en medio de la propia redención que estoy buscando conmigo misma, cuando siento que el corazón está muy roto y que no puedo más. Y no puede venir de la niña buena ese perdón, claramente, porque para ella nunca nada es suficiente, igual que para la madre que tampoco conoce límites. Solamente es posible apelar a la humana, a la que se equivoca, a la que la ha cagado y vuelto a cagar; a la que ha perdido en su vida: experiencias, personas, lugares... Solamente ella podría comprenderme y mirarme con la suficiente compasión.

Finalmente, de qué se trata el respeto, sino de honrarnos internamente y les unes a les otres? Y es así, primero adentro y luego fuera: amar al prójimo como a mí misma. Siento muy lindo al recordar este arquetipo, una vez más lo reivindico, con algunas salvedades que ojalá ayuden a una mejor comprensión de lo que se trata esto. El amor es algo tan grande, tan inmenso y así mismo es el miedo, que nos lleva por caminos de idealizaciones y satanizaciones muy poderosas. Historias de amor han costado estos malentendidos y eso no es poco, es un altísimo precio a pagar. 

Terminé el día de reflexión con una frase mientras subía las escaleras de mi casa y pensaba en las personas que dicen mentiras, que actúan de formas que me parecen deshonestas: yo no soy mamá o papá de ninguna persona (más que de mi propia hija, pero eso es diferente) ni estudié para juez ni soy en ningún sentido superior a nadie como para emitir juicios sobre quién hace qué (con la hija tampoco, pues). Estamos en el camino, siempre, haciendo lo mejor que podemos. Hoy es más bonito que otros días más feos y luego el ciclo cambia y lo feo se vuelve bonito. Somos un pequeño bichito tratando de hacer vida y crear cosas maravillosas, en la mejor manera en que sabemos cómo, ensayo y error...

Les deseo lindos y amorosos días :) 

viernes, 15 de octubre de 2021

El libro de la gratitud. Capítulo 14: La sombra

Hay un capítulo de este libro de la gratitud que he intentado escribir muchas veces, pero que no he logrado conectar de la forma fluida en la que se han dado todos los demás. Me he paseado por aquí y por allá, pero aún no encuentro el camino. Ese capítulo, es el mío.

Sin embargo, he sentido que hoy he encontrado una puerta que tal vez me lleve allí y a escribir esa anhelada entrada... y es empezar por el revés, por el lado 'b', por la famosísima Sombra. Es una entrada sobre mí, un poco rollo 'upside down'. 

Hace un par de días tuve mi vacuna del Covid19. Me demoré un poco porque había tenido la enfermedad hace tres meses y bueno, esperé ese tiempo. Tomé mi medicina, me dolió mi bracito y volví a casa ya sintiendo un leve malestar en el estómago, en el aura, en un lugar que no sé cuál es. Fue un aviso muy corto para lo que vino después. 

En algunas otras entradas de este blog he mencionado por encima que sufrí depresión buena parte de mi vida. Alguna vez incluso estuve medicada, pero soy un ser demasiado intenso como para permanecer mucho en ese estado. Lo que sí me acompañó mucho rato fue esa sensación de sentirme inadecuada, de no pertenecer, de no ser amada porque había algo oscuro allí en mi corazón que ponía una distancia insalvable con el mundo. Seguro ustedes, queridas y queridos lectores, han sentido esa sensación en su relacionarse conmigo. Nada más escribirlo y siento miedo, no sé bien de qué. He encontrado maestras y ángeles en mi camino que me han acompañado a ver esta parte de mí y a empezar a vislumbrar abrazarla, por quienes siento inmensa gratitud (ya vendrá su entrada). 

Gracias a eso, hice de esta parte de mí como un perrito que tengo en secreto allí guardado, a buen resguardo y lo mejor alimentado posible, de tal manera que no ladre mucho y que los vecinos no se enteren de que vive allí. Esa 'yo' que niego de mí misma, que procuro que nunca, nunca se vaya a ver.

Pues bueno, el caso fue que la vacuna me produjo un dolor intenso de cuerpo, que nunca había sentido y me llevó a sentir el centro de mi pecho tan profundamente que no pude más que llorar y querer morir de nuevo, como tantas otras veces. Allí de nuevo. Sentir la impotencia ante mí misma, ante este cánido dolido que reclamaba mi atención. La frase era: ¡Mírame! 
Les describiré la imagen: fue como sumergirme en un océano, gigante, verde esmeralda y brillante, con los ojos cerrados como cada vez que entro al agua y me da miedo que me duela abrirlos y de pronto verme allí, frente a mí, completamente oscura y con los ojos fijos en los míos, esperando porque los abriera. Y lo hice. Y, damas y caballeros, qué fuerte es esa sensación. No es la primera vez de esto y siempre, siempre me conmueve.




Diana sombra es mil cosas, casi imposible de describir... infinita, compleja, atribulada, obsesiva, celosa, muy aprehensiva, intensa como no hay. Su piel es inasible y a la vez densa y tersa y eléctrica. Y me miró, con esos ojos grandes y abiertos, de no querer existir y a la vez estar dispuesta a dar la vida por experimentar cada pedazo de esta encarnación. Y allí estuvimos, llorando juntas, yo volteando la vista de vez en cuando, sin poderme escapar en medio de tantísimo dolor. Y me rendí allí, en esos brazos que tanto miedo me dan, que tanto reto me implican, que tanto quiero esconder.

Y en medio de eso, recordé una enseñanza poderosa que me dio una de aquellas maestras que me han acompañado: en la sombra también hay regalos. Y fue ella, y no ese lado luminoso, cursi y show off (que tanto me gusta) de mí, quien me recordó que este camino lo vamos recorriendo juntas. Que siempre fue allí en esa oscuridad donde pude encontrar tesoros que son hoy mis baluartes. Que también ella es la compasión, el amor, la entrega sincera que hoy puedo experimentar, que vinieron de allí, de esa aprehensión, de la intensidad, de la obsesión que se fue convirtiendo en determinación conmigo misma, en disciplina. Ha sido en ella, en sus fragmentos, en su aparente rotura, que me he ido armando, pedacito por pedacito.

Por eso hoy, esta entrada es para esa parte de mí. Este último día del año, este día de morirme a todo lo que fue este tiempo, quiero dedicarlo a la sombra. En infinita gratitud por estar allí, por ser parte de mí. Por las ganas de morir que luego me conectan profundamente con la vida, por esa dificultad para tomarme a mí misma, mis pliegues y dolores, mi historia, porque sigo aprendiendo de todo eso y no me aburro y con mucha frecuencia me divierto.

Gracias querida sombra, gracias querida yo por mostrarme el camino hacia mí. Y gracias porque fue en ese abrazo, en el fondo de ese océano que son mis emociones, las tuyas, las nuestras, que encontré la fuerza y la dicha de empezar este nuevo ciclo más abierta, con más amor y fue en tus ojos en los que pude vislumbrar esa posibilidad de aceptación de mí y de la vida, fue tu mano la que me llevó a la superficie otra vez.

Amor es una palabra pequeña para lo que esto significa.

Feliz final de ciclo. Gracias infinitas y que muera todo lo que fue, para que todo lo que es pueda vivir. Feliz cumpleaños a mí!

lunes, 19 de julio de 2021

Sangrar

Escribo esta entrada motivada por un querido amigo que me habló de la vulnerabilidad y me dio un contundente ejemplo de ella. La tenía en mente hace días, pero no había encontrado el punto para retomarla. También surgió como una forma de poner en palabras la emoción que me produjo la foto que acompaña esta entrada, que es protagonista también, no solamente las palabras transmiten. Así que, acá voy.



El verbo sangrar, es uno que me conecta profundamente con la vida, con el ser vivo o viva, con recordar que estamos hechos de agua, que somos seres emocionales. Para las mujeres, además, este verbo nos habita desde muy temprano, cuando empezamos a ejecutarlo mes a mes, durante buena parte de nuestra existencia, en una experiencia que permanece tabú en muchos sentidos y que por ello ha conllevado históricamente dolor, vergüenza, secreto.

Es el mismo verbo con el que estamos tan cerca y a la vez tan lejos en Colombia (pero no solamente acá). La sangre de miles de hombres y mujeres que la han derramado en tantas guerras sin sentido, que nos tocan al pie de la casa para que salgamos corriendo; o que vemos por televisión, como si fueran un programa de acción más, bajo esos horrendos formatos agringados de los noticieros...

Es el mismo verbo que nos gobierna cuando nos caemos de pequeños y vemos ese precioso líquido salir por la rodilla, o el codo, o el dedo, con la angustia de que va a durar para siempre y preguntamos a quien esté cerca si acaso nos vamos a perder por esos pequeños hilos rojos.

Y es lo mismo que sentimos, cuando algo nos duele mucho, ya no en lo físico, sino en el corazón, en las emociones. Cuando algo nos resulta incomprensible y nos atraviesa en este proceso maravilloso que a bien hemos tenido en llamar 'duelo'.

Fue en ese contexto en el que empecé a escribir esta entrada, que se acompaña de la foto que me tomé desnuda y con mi sangre menstrual cubriendo mis senos, mi corazón. Me atravesaba un dolor enorme en ese momento, fruto de una decisión que me llevaría por este camino del duelo, del soltar. Y me pareció una imagen hermosa esta de sangrar. 

Hace algún tiempo empecé a establecer una relación diferente con mi periodo: una de celebración, de juego, que me ha traído una profunda paz, mucha conexión con lo femenino, como una reconciliación con algo muy mío, muy nuestro, que había permanecido oculta mucho tiempo. Hace años leí una columna bella de Antonio Caballero en la que hablada de la tauromaquia. Luego de describir de muchas formas esta batalla simbólica que representa, decía que la muerte del toro en la lidia, es la única muerte de un animal que es bella. Así sentí en ese momento lo que me implicaba menstruar. Sangrar a manera de liberar y a la vez de sembrar en mí la semilla de nuevos ciclos, la forma más bella de sangrar.

El ver la belleza en esto, me recordó las otras formas de sangrar que me han acompañado en la vida: esta de la partida de alguien (tengo roto el corazón, sangro); la de las víctimas de 'esta guerra' que tanto nos han costado como país (83 líderes y lideresas asesinados en Colombia en 2021 hasta hoy), las caídas infantiles mías, de mis hermanas, las de mi hijo (y las cirugías por las que hemos pasado las 4); la gota que sale del dedo producto de una hoja afilada que nunca logro ver venir.

Y me gustó ver esta imagen como una metáfora de la vulnerabilidad que implica este verbo. Abrir el corazón. Sentir los latidos. Dejar correr los torrentes de afecto, de miedo, de risa, la adrenalina. Sangrar. Poner la sangre en tierra. Amar y dejarse amar.

Plot twist: Ojalá que este verbo hoy en Colombia nos fuera tanto menos costoso. Ojalá que la sangre que corre en nuestra amada y hermosa tierra pudiera ser de esperanza y renovación, de respeto y amor por la vida, que fuera la sangre sembrada de miles de mujeres que celebran el futuro propio y el de sus seres queridos. 

Hoy, tristemente, esa sangre incluye la de Derly Pastrana, lideresa del departamento del Huila, con quien tuve el gusto de compartir y que ya no está más con nosotros en la vida. Deja un legado bello de reivindicación y reconciliación. Que su sangre y la de todas las personas que han muerto por la paz, empiecen por fin a abrirnos un camino de esperanza que nos ayude a superar esta soledad.  

Así que hoy mi vulnerabilidad por ella, por Junior Jein, por Karen Sullay, por  por todas esas voces que no van a cantar hoy más, pero que siembro en mi corazón para nunca olvidarlas y para mantener abierto, más que nunca, el corazón.

As-Salaam-Alaikum 

viernes, 12 de marzo de 2021

Diana escribe: El Príncipe

No, si te contara, Ana. Es una historia de esas que parecían de amor. El tiempo va haciendo lo suyo, ya ves, y te das cuenta de que era más encantamiento que otra cosa. Debe ser por eso que en los cuentos los príncipes y las princesas están encantados.

Nos conocimos en una playa, lejos de acá, de esas que pocas veces se pueden visitar. Un romance de esos que ni para qué detallar: cartas interoceánicas, encuentros furtivos en el caribe, deseo a flor de piel muchas noches y tardes y días. ¡Cómo no iba a pensar que estaba enamorada! 

El chico era un príncipe, de hecho así le puse: Príncipe: bien puesto, con mil promesas en los bolsillos que no dudaba en repartir a diestra y siniestra. Serio, intelectual. Un sueño para mí, te imaginarás. De esas personas que van enrostrando su altura moral y buen comportamiento con todo el que les da la oportunidad. Me convenció, mal haría en decir que no. Duró un rato el romance, de verdad creí que había una historia allí.

Ya sabrás que esas cosas son insostenibles, sobre todo sin compartir la cotidianidad, no llegas a conocer al otro de verdad, te haces imágenes y poco más. El príncipe vivía al otro lado del mar. ¿Te das cuenta cómo esta historia toda parece hecha del material de la fantasía? Nos dejamos por cuenta de la distancia y del vacío que yo sentía en ese momento, fue cuando la niña se quiso morir ¿te acuerdas? Muy difícil momento, no tenía yo ojos para mucho más que eso. Y ahí fue que el príncipe empezó a aparecer de verdad: tres vueltas a la manzana y no lo volví a ver. El estaré aquí para ti por siempre duró menos de tres meses.

Intenté ¿sabes? Yo estaba muy encantada con el príncipe. Intenté buscarle muchas veces, invitarle a que viniera a mi lado, a que pudiéramos hacer realidad todas esas promesas que habíamos hecho. Ya me conoces, Ana, una vez que pongo el foco en un amor, me va la vida en ello. Años pasaron así, no te negaré que ríos de alcohol corrieron por mis venas en la búsqueda de olvidar. Un tiempo oscuro, no te mentiré, roto el corazón en pedacitos, por fortuna, ya sabes lo que pienso de estas cosas: la luz entra por las fisuras, qué le vamos a hacer.

Y también estuvo mi antigua manía de hacer que las cosas sean siempre cordiales... lo sé, lo sé, es un defecto de carácter, pero qué te voy a decir, Ana. Pensé que podríamos seguir compartiendo facetas y que desde la amistad algo de ese amor podía vivir. En verdad lo creí, creí que había lugar en el corazón del príncipe para mí.

Pero ya ves cómo poco a poco la realidad va tomando su propio peso y el cielo obliga a sanar. Una noche en que se pasó de tragos pude ver que ya ni se acordaba de mí! Y no me refiero a un pequeño olvido, sino al olvido total: Cuatro años borrados de un brochazo. Cuatro años en los que yo había estado escribiendo cartas, llamando, contando historias. Hasta hicimos el amor alguna vez en que coincidimos! Pero para él el tiempo se había detenido mucho antes y desde un día, un momento, nunca más me volvió a ver. Sostuvo mi mano sin saber que era yo, me escribió cartas pensando que yo era aquella que había sido tanto tiempo atrás. Me besó los labios y el cuerpo, pero no supo que yo estaba allí.

Fue ahí que entendí que lo que había pasado es que hacía mucho que no me veía, que había estado conviviendo con un fantasma. Todas mis preguntas tuvieron respuesta de una sola vez: ¿Cómo puedes respetar, querer, acompañar a alguien a quien no ves? No se puede, es lo natural...No se puede querer a alguien que no existe para uno.

El príncipe... Hay que tener cuidado con las palabras con las que uno nombra las cosas. Yo le puse un nombre de fantasía y eso fue lo que fue en mi vida.

Luego de ese día de tragos dejé de verlo y de hablarle. Fue como si el telón cayera de un momento a otro en una obra que hacía mucho que había debido terminar. Estaba yo ahí, sola, en medio del escenario, apenas consciente de que hacía mucho tiempo la función había acabado. Pasé varios días de fiebres y dolores en todo el cuerpo, me tomó un rato darme cuenta de lo que me estaba pasando: estaba liberando el gramo de fantasma que por capricho había conservado en el cuerpo. Porque tú lo sabes, Ana, ninguna de estas cosas las hace una por obligación, todas son voluntarias.

El príncipe... Todo este tiempo me tomó darme cuenta de que yo nunca fui una princesa.

lunes, 15 de febrero de 2021

Journeys end in lover’s meeting

Esta mañana me desperté con esta idea en la mente. Lo vi en una película de 'terror' hace poco y recordé que es de Noche de Epifanía, de Shakespeare. Qué frase tan linda y tan romántica.

Si nos quejamos de Disney hoy y de cómo nos jodió un poco la vida con las ideas que nos planteó, yo me iría mejor a Shakespeare, que tatuó este final maravilloso y sublime para cada historia de amor en nuestra psique. Ese momento del amor eterno, del amor que supera todas las pruebas para llegar al descanso de la persona amada, de ese que encuentra allí un claro despejado y donde los amantes 'fueron felices para siempre'. El viaje termina en ese encuentro. O ese final dramático y absolutamente precioso, igualmente eterno, que es la muerte, como Romeo y Julieta. Juntos para siempre en el 'cielo', con el total sacrificio del ser, porque es la única forma de probar que se ama. 




 

Qué expectativas tan poderosas que han puesto estas historias en nuestro ser. Qué rutas pacíficas que nos invitó a encontrarnos. El ‘premio’ al final de un gran esfuerzo: el amor.

 

Pero no ocurre así la vida la mayoría de las veces, o al menos no en apariencia. Salimos con esta esperanza y encontramos en el amor algo efímero, intrínsecamente frágil, que se rompe y con él a nosotros. Y viene el desencanto y el enojo. Viene la distancia y toda la larga lista de lo que se debe hacer cuando el amor 'no funciona', cuando acaba.

 

No nos dijeron, o no nos dimos cuenta, de que el amor, para mostrarnos sus colores, sus frutos, sus sabores, requiere tiempo. Al menos esto es lo que mis cortos años de vida me van mostrando. No era la promesa del fin del viaje que nos habían dicho, al menos no como nos la contaron... Nos hablaron de EL AMOR en torno a las relaciones de pareja y obviamos los otros muchos amores que nos atraviesan en la vida y nos van dando pistas sobre de qué se trata esto. Nos dejamos llevar por lo cotidiano de una mamá llevando a término un embarazo (fácil o difícil), de las manos de una familia que se unen al preparar de comer, de los esfuerzos para llegar a tiempo a compromisos. La presencia en las charlas con las amistades, ver amanecer, o anochecer o crecer una planta. El amor tenía tantas formas, era tan sublime, que necesitábamos de historias que lo hicieran más espectacular para poderlo notar.

 

Habitar esta vida, esta locura maravillosa, es un viaje, lleno de detalles con los que podríamos llenar diarios y diarios de historias: ‘Querido diario, esta mañana fui a recoger un paquete a la portería y al regreso había una familia jugando con burbujas en su jardín. Me tomó tan por sorpresa, que me quedé sin aire de la alegría y luego empecé a reír’.

 

Y, sin duda, el encuentro con alguien que nos sorprende, que nos saca de la ruta que llevábamos, que nos pregunta cosas nuevas, es el final de un trayecto. Pero no es EL FINAL del viaje (bueno, puede que sí, pero hasta ahora no, porque estoy escribiendo esto…), sino una invitación a continuar, a emprender nuevas aventuras, esta vez en la compañía de alguien, que nos dinamiza ese viaje, con quien podemos compartir y sentir la conexión profunda de corazón a corazón, manteniendo los retos propios del camino individual, como si fuéramos dos hermosas líneas brillantes y paralelas, que suben y bajan y danzan y que siguen siendo cada una. Y que como un científico que observa, transforma lo observado y se transforma al observar. Journeys end in lover's meeting.

 

La paradoja con mi crítica inicial, es que también siento que Shakespeare tenía razón. Sus historias eran metáforas. En el amor se muere y para que sea, sí requiere de nosotros la absoluta entrega de quienes somos y la certeza de que vamos a morir allí, nunca vamos a salir iguales, porque de salir así, no amamos, no nos dejamos conmover, nos mantuvimos cerrados y esa magia maravillosa del amor no pudo ocurrir. No estuvimos. La presencia conlleva ya ese cambio, que es inmanente a la vida.

 

Y los viajes sí terminan en el encuentro de los amantes. Los caminos que andamos sí nos llevan a esos encuentros inevitables que el destino nos tenía marcados para nuestra felicidad, nuestro dolor, nuestro asombro y nuestra transformación, nuestra dicha de vivir, completamente en el amor. 

 

Sólo que este amor no era ese remanso de descanso apacible que decían que era, porque la vida no es así. Sino un nuevo viaje maravilloso, que nos implica cumbres y valles y dulzura y también rudeza al mostrarnos nuestras profundidades más inquietantes. Llama más que nunca a nuestro viajero interno, al loco que imprime inocencia y desprevención para vernos nuevos y ver a la otra persona nueva, de manera permanente, en cada paso que siempre, siempre es diferente, aunque parezca igual.

 

Hoy se me ocurre que tal vez de allí viene el dicho de que ‘el amor es para valientes’. No porque haya que superar mil pruebas para llegar a ese encuentro (es posible que esas pruebas tuvieran todo o nada que ver con el 'llegar'), sino porque una vez iniciada la aventura, quedarse puede ser mucho más retador que irse. Abrir la coraza, ser vulnerables y dejarnos ver, puede ser el miedo más grande que enfrentemos cada vez, ese monstruo debajo de la cama o entre el armario que nos va a pedir nuestro mayor brillo, todo nuestro coraje. Sé que para mí, ha sido así. Y cada amor de mi vida, tanto románticos como no, han requerido de mí que me quite una capa más, que abra un pedacito más de la fortaleza, que deje salir una parte pequeña de la bola rosada, esponjosa y frágil que es mi corazón. Miedo no es palabra para lo que eso me produce... y a la vez, está el vértigo y la certeza de querer vivirlo. Pero voy aprendiendo a dejar fuera cada vez más los trozos de corazón que el amor me va sacando con risas y llanto y viajes y aventuras.

 

Los regalos que surjan de allí, de la entrega, como la vida misma, son inciertos. Es imposible saber qué es lo que vamos a encontrar y allí justo está lo emocionante! ¿Tal vez una nueva forma de ser libres? ¿Una nueva persona y forma de ser que no conocíamos? ¿Sacrificios, confianza, aceptación que no sabíamos que podíamos tener? ¿Disciplina y perseverancia? ¿Dulzura, placer, calma nunca antes experimentadas? Caray, el universo tiene tantas formas de ser, infinitas maneras de expresarse. Yo por lo pronto sé que soy otra, o tal vez más yo, luego de cada amor. De todos los amores.

 

Los viajes no terminan en el encuentro de los amantes, si no queremos que sea así. Más bien, si es nuestra elección y ponemos nuestra disposición, pueden ser un nuevo gran inicio <3 Sé que para mí ha sido así y ese estadio ha durado lo que ha tenido que durar. Igual que con el resto de la vida, quién nos quita lo bailado! Gracias por la transformación que este camino ha traído <3 




P.D: Querida vida, gracias por ser y por darme el regalo de esta existencia. Hoy particularmente lo celebro con el corazón abierto y la vulnerabilidad que conlleva esto de habitar, de ser. Aquí estoy! :) Y gracias Elizabeth Gilbert por volverse uno de esos nuevos amores, que aunque a kilómetros de distancia, me hizo el día hoy con su invitación a montarse en este viaje! <3