lunes, 15 de febrero de 2021

Journeys end in lover’s meeting

Esta mañana me desperté con esta idea en la mente. Lo vi en una película de 'terror' hace poco y recordé que es de Noche de Epifanía, de Shakespeare. Qué frase tan linda y tan romántica.

Si nos quejamos de Disney hoy y de cómo nos jodió un poco la vida con las ideas que nos planteó, yo me iría mejor a Shakespeare, que tatuó este final maravilloso y sublime para cada historia de amor en nuestra psique. Ese momento del amor eterno, del amor que supera todas las pruebas para llegar al descanso de la persona amada, de ese que encuentra allí un claro despejado y donde los amantes 'fueron felices para siempre'. El viaje termina en ese encuentro. O ese final dramático y absolutamente precioso, igualmente eterno, que es la muerte, como Romeo y Julieta. Juntos para siempre en el 'cielo', con el total sacrificio del ser, porque es la única forma de probar que se ama. 




 

Qué expectativas tan poderosas que han puesto estas historias en nuestro ser. Qué rutas pacíficas que nos invitó a encontrarnos. El ‘premio’ al final de un gran esfuerzo: el amor.

 

Pero no ocurre así la vida la mayoría de las veces, o al menos no en apariencia. Salimos con esta esperanza y encontramos en el amor algo efímero, intrínsecamente frágil, que se rompe y con él a nosotros. Y viene el desencanto y el enojo. Viene la distancia y toda la larga lista de lo que se debe hacer cuando el amor 'no funciona', cuando acaba.

 

No nos dijeron, o no nos dimos cuenta, de que el amor, para mostrarnos sus colores, sus frutos, sus sabores, requiere tiempo. Al menos esto es lo que mis cortos años de vida me van mostrando. No era la promesa del fin del viaje que nos habían dicho, al menos no como nos la contaron... Nos hablaron de EL AMOR en torno a las relaciones de pareja y obviamos los otros muchos amores que nos atraviesan en la vida y nos van dando pistas sobre de qué se trata esto. Nos dejamos llevar por lo cotidiano de una mamá llevando a término un embarazo (fácil o difícil), de las manos de una familia que se unen al preparar de comer, de los esfuerzos para llegar a tiempo a compromisos. La presencia en las charlas con las amistades, ver amanecer, o anochecer o crecer una planta. El amor tenía tantas formas, era tan sublime, que necesitábamos de historias que lo hicieran más espectacular para poderlo notar.

 

Habitar esta vida, esta locura maravillosa, es un viaje, lleno de detalles con los que podríamos llenar diarios y diarios de historias: ‘Querido diario, esta mañana fui a recoger un paquete a la portería y al regreso había una familia jugando con burbujas en su jardín. Me tomó tan por sorpresa, que me quedé sin aire de la alegría y luego empecé a reír’.

 

Y, sin duda, el encuentro con alguien que nos sorprende, que nos saca de la ruta que llevábamos, que nos pregunta cosas nuevas, es el final de un trayecto. Pero no es EL FINAL del viaje (bueno, puede que sí, pero hasta ahora no, porque estoy escribiendo esto…), sino una invitación a continuar, a emprender nuevas aventuras, esta vez en la compañía de alguien, que nos dinamiza ese viaje, con quien podemos compartir y sentir la conexión profunda de corazón a corazón, manteniendo los retos propios del camino individual, como si fuéramos dos hermosas líneas brillantes y paralelas, que suben y bajan y danzan y que siguen siendo cada una. Y que como un científico que observa, transforma lo observado y se transforma al observar. Journeys end in lover's meeting.

 

La paradoja con mi crítica inicial, es que también siento que Shakespeare tenía razón. Sus historias eran metáforas. En el amor se muere y para que sea, sí requiere de nosotros la absoluta entrega de quienes somos y la certeza de que vamos a morir allí, nunca vamos a salir iguales, porque de salir así, no amamos, no nos dejamos conmover, nos mantuvimos cerrados y esa magia maravillosa del amor no pudo ocurrir. No estuvimos. La presencia conlleva ya ese cambio, que es inmanente a la vida.

 

Y los viajes sí terminan en el encuentro de los amantes. Los caminos que andamos sí nos llevan a esos encuentros inevitables que el destino nos tenía marcados para nuestra felicidad, nuestro dolor, nuestro asombro y nuestra transformación, nuestra dicha de vivir, completamente en el amor. 

 

Sólo que este amor no era ese remanso de descanso apacible que decían que era, porque la vida no es así. Sino un nuevo viaje maravilloso, que nos implica cumbres y valles y dulzura y también rudeza al mostrarnos nuestras profundidades más inquietantes. Llama más que nunca a nuestro viajero interno, al loco que imprime inocencia y desprevención para vernos nuevos y ver a la otra persona nueva, de manera permanente, en cada paso que siempre, siempre es diferente, aunque parezca igual.

 

Hoy se me ocurre que tal vez de allí viene el dicho de que ‘el amor es para valientes’. No porque haya que superar mil pruebas para llegar a ese encuentro (es posible que esas pruebas tuvieran todo o nada que ver con el 'llegar'), sino porque una vez iniciada la aventura, quedarse puede ser mucho más retador que irse. Abrir la coraza, ser vulnerables y dejarnos ver, puede ser el miedo más grande que enfrentemos cada vez, ese monstruo debajo de la cama o entre el armario que nos va a pedir nuestro mayor brillo, todo nuestro coraje. Sé que para mí, ha sido así. Y cada amor de mi vida, tanto románticos como no, han requerido de mí que me quite una capa más, que abra un pedacito más de la fortaleza, que deje salir una parte pequeña de la bola rosada, esponjosa y frágil que es mi corazón. Miedo no es palabra para lo que eso me produce... y a la vez, está el vértigo y la certeza de querer vivirlo. Pero voy aprendiendo a dejar fuera cada vez más los trozos de corazón que el amor me va sacando con risas y llanto y viajes y aventuras.

 

Los regalos que surjan de allí, de la entrega, como la vida misma, son inciertos. Es imposible saber qué es lo que vamos a encontrar y allí justo está lo emocionante! ¿Tal vez una nueva forma de ser libres? ¿Una nueva persona y forma de ser que no conocíamos? ¿Sacrificios, confianza, aceptación que no sabíamos que podíamos tener? ¿Disciplina y perseverancia? ¿Dulzura, placer, calma nunca antes experimentadas? Caray, el universo tiene tantas formas de ser, infinitas maneras de expresarse. Yo por lo pronto sé que soy otra, o tal vez más yo, luego de cada amor. De todos los amores.

 

Los viajes no terminan en el encuentro de los amantes, si no queremos que sea así. Más bien, si es nuestra elección y ponemos nuestra disposición, pueden ser un nuevo gran inicio <3 Sé que para mí ha sido así y ese estadio ha durado lo que ha tenido que durar. Igual que con el resto de la vida, quién nos quita lo bailado! Gracias por la transformación que este camino ha traído <3 




P.D: Querida vida, gracias por ser y por darme el regalo de esta existencia. Hoy particularmente lo celebro con el corazón abierto y la vulnerabilidad que conlleva esto de habitar, de ser. Aquí estoy! :) Y gracias Elizabeth Gilbert por volverse uno de esos nuevos amores, que aunque a kilómetros de distancia, me hizo el día hoy con su invitación a montarse en este viaje! <3 

viernes, 2 de octubre de 2020

Los imprescindibles

 Hace casi 7 años murió mi querido amigo Abelardo Hernández Millán. Nunca me di tiempo de escribir sobre esta persona, pese a que le he echado de menos y su memoria me acompaña con frecuencia en diversas situaciones. Como diría Drexler, más vale tarde que jamás, sin importar la estrella en la que estés, escribo esto para agradecerte. Viva octubre de gratitud!

Abelardo. Mucho hay que decir de alguien como él...: que hizo parte del germen que hizo posible el Colegio de la Frontera Sur; que luchó por lograr la protección ambiental de la Selva Lacandona en Chiapas; que fue la mano derecha de monseñor Samuel Ruiz en los diálogos del EZLN en los 90; que ganó premios de cuento y que se lo recuerda en diversos escenarios en el centro y al sur de México. Que nunca abandonó las causas por los más vulnerables, que tenía palabras dulces y divertidas que dejó al mundo en sus cuentos y su poesía.

Yo fui su atenta estudiante. Me lo encontré como regalo de la vida en segundo semestre de maestría, cuando estaba muy extraviada con mi tesis. Él, con su amor, paciencia y apertura, me puso de nuevo en la ruta. Con un té y su bella biblioteca, me ayudó a levantarme de esas roturas de corazón que a veces ocurren en los espacios académicos. Aún conservo los libros que me regaló en ese primer encuentro.

Tuve la suerte de contar con su compañía hasta el final de ese camino. Pasé tardes escuchándolo en su café favorito del centro de Toluca, en donde conoció a 'mi linda familia' (sus palabras). Me leyó cada vez que lo necesité, con comentarios y aportes siempre pertinentes (y cuando no, bellos); y como sinodal al final. También lo escuché recitar sus hermosas poesías, las propias y aquellas que acudían como mariposas a sus labios de manera inesperada. Hoy lo recuerdo especialmente, porque le regaló, sin conocerla, su libro sobre el 2 de octubre a mi hermana menor, con el mismo amor con el que se relacionaba con la vida. Me contó en alguna ocasión que le tomó años volver a salir de casa en esta efeméride, que la escritura le salvó del horror, del dolor de haber estado presente, de haber vivido ese momento. Es el precio que grandes como él a veces pagan por haber estado donde había que estar en cada momento de su historia.

Abelardo hizo posible que yo me animara a conocer Chiapas, que viajara a los caracoles y pudiera ver uno de esos otros mundos que son posibles y que están pasando ya, hoy, en la humanidad. Era una persona de esas cuyo corazón nunca se rinde, de imaginación activa, propositiva, con su maleta lista para seguir andando, para seguir caminando, para seguir construyendo.

Tengo en mi memoria, muy nítido, el último recuerdo que compartimos, cuando aún estaba con nosotros: al terminar mi examen de titulación en la maestría, conversamos un poco y le regalé un café. Se notaba ya en su figura la cuenta que pasa el luchar contra la enfermedad por un largo tiempo. Me agradeció con afecto, un abrazo, y al partir levantó la bolsa y me dijo: me lo voy a tomar en tu honor.

Dibujo cortesía de Isidro Pontón Romero. 2013. Día del examen de titulación.

Querido Abelardo, gracias por conectarnos con la vida, con la dulzura, con la sensibilidad. Gracias por ser de esos imprescindibles de los que hablaba Bertolt Brecht. Apuestas tan bellas como la tuya, siempre en las causas más lindas, son las que este planeta necesita más. La creación de nuevos mundos desde el arte, desde el afecto, desde la fe en que podemos ser mejores, que podemos tratarnos al lado.

Gracias por estar tan bellamente en mi memoria, por servirme de excusa para recordar las causas justas, los sueños, la fe. Dios me bendijo con tu amistad, y en eterna gratitud, la voy a atesorar por siempre.

Todos somos semilla.

Un cuento corto de Abelardo, para recordarlo en su voz:

En la selva

Esa noche, el grupo de turistas rodeaba la fogata junto con algunos indios lacandones que los habían guiado en el recorrido vespertino. Las brasas crepitaban entre el prolongado silencio. Presidía la reunión el más viejo de la tribu. De pronto un lacandón joven se puso de pie y, con el entrecejo fruncido, dirigió su mirada hacia un horizonte invisible y olfateó con avidez entre aromas de humo y carne asada. “Ahorita vengo”, dijo. Extrañado, alguien del grupo preguntó al viejo lacandón de qué se trataba. Luego de un instante respondió: “escuchó el trote de un pequeño venado y salió a cazarlo”. Algunos integrantes del tour se asombraron con la respuesta; otros la tomaron con recelo. Todos quedaron estupefactos cuando, al cabo de un rato, el joven cazador regresó con un venadito cargado sobre sus hombros y lleno de flechas clavadas en el cuerpo. No sabiendo cómo retribuir la consumación de tal hazaña, los viajeros se apresuraron a reunir más dinero en agradecimiento por la gran lección de Historia ahí manifestada. “Es como si nos hubiéramos trasladado a la época en la cual la caza era tarea principal de sobrevivencia”, exclamó uno de ellos; “nadie me va a creer cuando platique lo que hoy aquí hemos presenciado”, dijo otro. Luego se retiraron a dormir entre comentarios de entusiasmo suscitados por el gran acontecimiento. No escucharon cuando, satisfecho, el lacandón viejo dijo al joven en voz baja: “lleva otra vez el cervatillo al escondite secreto, arregla las flechas de nuevo y no se te olvide ponerle más hielo para conservarlo en buen estado”.

A.H.M. Que en paz descanses, querido. 

martes, 30 de junio de 2020

Al lado

La semana pasada fue una dolorosa para Colombia. Supimos que nuestro director de cine emblemático, aparentemente cometió actos de acoso y abuso sexual en contra de una serie de mujeres que se animaron a contar su historia, con el ánimo de incentivar un alto en este tipo de prácticas, por parte de Ciro y también en el medio audiovisual en general. Y además, como si esto ya no fuera suficiente, una niña indígena fue violada por siete militares. Yo sentí profundamente estas noticias, de muchas maneras, y tuve la ocasión de conversar con varios varones y algunas mujeres sobre el tema y sus percepciones al respecto. No es un tema fácil, siempre he pensado que en estas discusiones sobre la violencia de género, es donde más claramente ponemos el pellejo en el asador, es donde se juegan nuestro miedos y vacíos y violencias más profundas.

Una de las conversaciones que tuve y la que más ruido me hizo, fue con una persona que me comentó que debíamos dejar de lado la discusión sobre las diferencias de género y de las afectaciones que eso tiene en nuestras vidas humanas. Que no podíamos hablar de los hombres como todos unos infelices y que no se podía cobrar esta violencia estructural de manera individual a cada uno de ellos. Y estoy de acuerdo, hasta cierto punto. Sin embargo, le comenté en ese momento que el negar la realidad de la desigualdad y la violencia que existe hoy en día entre hombres y mujeres, resulta una revictimización en muchos sentidos y no contribuye a que generemos estrategias de cambio. Pero también y más claramente, me dolió a mí, a Diana y a todas las mujeres que traigo en mí.

Este hombre me comentaba sobre su molestia frente a lo que hemos llamado radicalización de algunos colectivos femeninos, en los que se señala a los varones como un todo en un sentido violento, que se les cataloga como violadores, violentos, abusivos, de manera general. Estas expresiones hacen parte del profundo enojo que tenemos las mujeres frente a siglos de patriarcado que hoy por fortuna, pese a que persiste esa violencia, podemos empezar a expresar, que no es poco. Sin embargo, entiendo la molestia, lo he conversado con otros amigos y siento la misma angustia, y queridos, no se me olvida la reflexión y la auto observación en ese sentido.

Pero mi pregunta para esta persona, para este hombre, que es además una de las personas que más he querido y respetado en mi vida, era si no vendría mejor preguntarnos por qué estamos tan bravas. De dónde viene semejante nivel de enojo, de rabia, que tenemos que llevarlo a las calles, a las paredes, a los monumentos, a las arengas y los bailes. Por qué mujeres por todo el mundo tienen tanta rabia, si los hombre no son todos unos h.... de ... ???

Y desde ahí, le planteé una cosa que vengo tratando, con dificultad, de poner en práctica en mi vida, sobre la importancia de generar estas conversaciones sobre la violencia de género y sobre nuestras diferencias en general (que son reales, para mí) al lado, y no al frente. Hace algunos años estuve tan enojada como muchas de las mujeres sobre las que cuento acá. Y se la cobré a los hombres que hubo en mi vida en ese momento, empezando por mi papá, por supuesto, pero pasando por amigos y por mi pareja y todo el que pude. Necesité ese enojo, me vino bien, me permitió transitar momentos dolorosos. Yo he vivido en carne propia este maltrato, la violencia y las huellas que deja. En mi mente pensaba al hablar con esta persona: 'Si tú supieras... si supieras de dónde viene este enojo...'. Pero tal vez no lo sabe, tal vez la mayoría de hombres no lo saben, porque están cegados en sus pequeños privilegios, ciegos al dolor de las mujeres y ciegos a su propio dolor, porque este sistema nos cobra muy caro a todos. También tenemos nuestras cegueras nosotras.

Tal vez vendría bien contar, y no como una víctima, que no soy, sino como alguien que las ha experimentado, que estas violencias dejan huellas en nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestras mentes y que el proceso de recuperarnos de eso, es largo y retador. Y no siempre tenemos las herramientas para hacerlo, entonces con frecuencia nos sentimos perdidas, culpables, confundidas. Hablar de ello ayudaría, pero cuando se hace, nos encontramos a la familia, los amigos, el Estado y la sociedad en general, dudando de creernos (o negando, de plano) que cosas tan dolorosas puedan pasar. Y no nos dejan hablar. Porque además de horrible, esto es profundamente doloroso, tanto, que preferimos decir que es mentira para no tener que lidiar con ello como sociedad, para no admitir que tenemos un problema allí. Mejor hablar de manzanas podridas, mejor de hablar de 'casos aislados'. Aún con eso, muchas tomamos la decisión de recuperarnos a nuestra manera y lo mejor que podemos. Yo no creo que ello dependa de quien agrede, sino que uno puede elegir su camino y hacer lo que sea necesario por amor a uno mismo, y dejar al otro con sus temas por resolver para que se haga cargo de ellos. Creo, con muchas mujeres, que está en nuestra potestad y es nuestro derecho ir más allá del abuso como definitorio de nuestras vidas. Y, con todo eso, no sería más lindo, más dulce para la sociedad, que en lugar de hacer mujeres fuertes a punta de recuperarse de heridas, hiciéramos mujeres fuertes porque tenemos niñas amadas, dignificadas, protegidas?

No sería mejor que en lugar de discutir cadenas perpetuas y castraciones químicas (tamaña ridiculez), habláramos de hombres amados, dignificados, reconocidos desde su infancia?

Todo esto lo digo al lado, de la mano o en un abrazo, hablando con esa persona que tanto me importa y a quien tanto respeto. Porque me importa y le respeto, porque no quiero hacer un señalamiento agresivo, aunque a veces eso también sea necesario y válido, a veces los límites hay que marcarlos con un grito. Lo digo al lado de una sociedad a la que le cuesta verse a la cara de verdad, que vivimos inventando mentiras y orgullos falsos para no hundirnos en la miseria ética en la que ya vivimos. Hay que vernos al espejo, de otro modo, esto nunca va a cambiar. Hemos avanzado mucho, pero aún falta mucho y lo que falta, existe hoy en personas que sufren, en más niñas que van a tener (o no) que recuperarse de esas heridas.

Yo no creo que haya una solución única para esto. Creo que necesitamos ver la forma como este sistema nos rompe a todos, hombres y mujeres, y la forma como de allí, de ese dolor intenso, surge la fuerza para que atrocidades como el desborde de violencia contra la niña indígena ocurran. Esto no puede hacerlo sino un ser profundamente roto y pensar en eso, también es difícil. Es algo atroz, que viene de personas que seguramente han vivido cosas atroces, y una sociedad demasiado ocupada en olvidarse de sus dolores como para prestar atención, para cuidar, para proteger. 

No creo que Ciro deba ser apedreado en el paredón, pero tampoco creo que podamos negar esto y seguir como si nada; y creo válido generar conversaciones en doble vía sobre el tema, en el que los varones puedan reconocer esas violencias, que les están muchas veces integradas, como algo incómodo, doloroso, vomitivo para nosotras. Creo que saldríamos mejor de allí que de un señalamiento unidireccional, con más aprendizajes y con el mismo nivel de rechazo que hoy produce el que esto ocurra. No es una persona, es un modo de funcionar. Hace poco tiempo me enteré de que un amigo muy querido mío tuvo comportamientos de este tipo con una de mis personas más queridas en el mundo y en mis narices. Le tomó años contarme. Y me dolió muchísimo el enterarme y no haberla protegido y también me dolió mucho el desterrar a esa persona de mi vida, al no tener forma de generar una conversación constructiva. 

Y también he visto a hombres poner la cara y asumirse y verse al espejo y encontrar al monstruo y conversar con él. Sé que nace del dolor, porque he visto muy de cerca ese proceso. Sé que el amor puede sanar estas heridas, pero primero hay que verlas, abordarlas, llorarlas. Puede ser más de una cosa, puede no ser en blanco y negro: es posible generar rechazo y a la vez reconocer que nos duele que esto ocurra con personas que queremos, con varones a quienes admiramos, a quienes amamos, en quienes confiábamos y en quienes podemos volver a confiar. 

Para terminar, me gustaría decir que detrás de mi 'Si tú supieras...', hay un gran 'si nosotras supiéramos...' que no nos han contado.... es uno de los grandes colaterales del funcionamiento de este sistema, porque les cuesta mucho verse a los chicos y a nosotras estar dispuestas a escuchar. Sabemos poco de su dolor, de la forma como han pasado por este planeta y no me parece poco importante este vacío. Hay muchos que ya están procurando hacer el ejercicio, poco a poco. Gracias por ser tan valientes.

En últimas, sí se trata de humanos hablando con humanos, de historias parecidas y también diferentes. Mi invitación es a que nos importe, que esto sea menos de tener la razón, de quién grita más duro, y más de sanar como humanidad. Sé que no podemos culparnos por el pecado de Adán, pero sí podemos responder por ello hoy, como respondemos por las embarradas de los bancos y por el calentamiento global: somos los hijos que se hacen cargo del mundo que les dejaron sus padres. Podemos hacerlo más amoroso, que la conversación sea al lado, juntos. Para mí, allí está la respuesta. 

PD: Sigan quemando las calles chicas, y los monumentos y las banderas. En ese enojo también hay poder. Para que algún día podamos sentarnos de verdad a hablar de corazón a corazón.

miércoles, 8 de enero de 2020

El corazón abierto


Mi personaje favorito de toda la vida ha sido Sailor Moon🌙. Me he visto un par de veces la serie completa y más de tres la última temporada, que es mi favorita. Mi relación con la serie ha tenido amores y disgustos, me he identificado más o menos con diferentes personajes, pero siempre termino concluyendo que el más lindo de todos es Usagi (Sailor Moon) y ahora últimamente con más fuerza. Pienso que hubo razones de peso para que ese fuera mi punto de admiración.

Ahora que estoy más grande y que sigo sintiendo esa conexión con los contenidos que plantea la serie, me parece lindo reflexionar y también sentir por qué permanece eso allí y qué tiene para enseñarme cada vez que vuelvo a verla. 

Y hoy, que siento mucho dolor en mi corazón debido a unas decisiones que tuve que tomar, creo que es porque Sailor Moon se trata fundamentalmente del amor. De todo el amor. Usagi es el personaje que es, porque es un personaje que siempre parte de allí. Es una chica torpe, perezosa, desconcentrada, desaplicada en el estudio, un poco quejetas... pero al final del día siempre confía en ella misma y confía, sobre todas las cosas, en el amor de su corazón. Sabe que ese es su centro de poder, el lugar desde el que puede aceptar a las demás personas: tanto a sus personas queridas, como a sus enemigos y aquellas que fluctúan a lo largo de las historias. 

Y nunca lo piensa, simplemente ella es así. Usagi nos presenta un ser que no funciona desde la racionalidad, sino desde la emoción, desde el afecto, de la manera más honesta posible. Sabe que es vulnerable y permite que le cuiden y también sabe que es fuerte, pero no para impedir que las cosas le ocurran, no desde el bloqueo, la frialdad o el muro, sino para permitir que la habiten y, desde ese amor, transformarlas.

Mi temporada favorita es la última por dos razones grandes: la primera es porque aparece uno de mis amores infinitos: Seiya - Sailor Star Fighter, quien nos permite ver más claramente quién es Usagi. Comparte con ella desde la amistad y le regala el también descubrirse sin estar en pareja, sin Mamoru - Tuxedo Mask, quien está ausente prácticamente todo el tiempo. Esa amistad le muestra a Usagi que puede seguir siendo el ser de amor que es y retarse en muchos sentidos sin tener al chico al lado. Por supuesto Seiya termina perdidamente enamorado de Usagi, no había posibilidad de que no fuera así, es demasiado linda... Pero incluso en la falta de correspondencia del sentimiento en que acaba la historia, es dulce el intercambio y ella lo siente profundamente.



La otra razón, es por el villano al que se enfrentan: el caos. El caos que ha tomado posesión de la guerrera más poderosa del universo, quien en un acto de profunda ingenuidad creyó que podría contenerlo ella sola en su cuerpo. Sailor Galaxia le ocasiona muchos dolores a las chicas durante algunos episodios hasta que se enfrenta con Usagi, quien tiene la instrucción de acabar con la vida de la guerrera para poder evitar que el caos siga haciendo de las suyas. Pero... ella no hace caso a lo que le es dicho, sino que lleva la reflexión más allá y abre completamente el corazón para poder llegar al de Galaxia, dolor incluido y todo. Y la alcanza 💕 🌟.

El final es así como para enmarcar en un pedestal de la inteligencia emocional: Galaxia le pregunta y ahora qué van a hacer con el caos... a lo que Usagi responde con total tranquilidad: 'Lo enviamos a donde pertenece: a los corazones de las personas en todo el universo, donde también alumbra la luz de la esperanza💕'. Y, al tiempo, Galaxia se encarga de reparar el daño que ha hecho por años en todas partes. No hay miedo en volver a empezar, ni juicios.


Cuando escribo esto, me vuelve a parecer increíble cómo un mensaje tan poderoso se puede dar de forma tan sencilla. Es el amor. Ya está. La respuesta a todo, al dolor, a la confusión, a la sensación de separación... es el amor. Es mantener abierto el corazón. Pensé por unos días que el corazón de Usagi era tan fuerte que nada podía dañarlo, pero ahora me doy cuenta de que la fortaleza y la razón por la que nada puede con ella es porque es vulnerable, porque se permite que le afecten las cosas, que le duelan, deja que esa experiencia externa la atraviese y la transforme (por eso siempre está cambiando de cetro y de poder).

Siento que quiero que mi camino vaya por allí. Abrir el corazón y mantenerlo así, fluir, sentir, ser vulnerable. Amar, doler, sentir la alegría y el miedo. Muy posiblemente desde allí la experiencia sea distinta, más amplia, más plena, más presente. Es retador en este mundo que nos enseña que la fortaleza es rigidez y cierre, eso fue lo que yo aprendí desde siempre. Pero tal vez sea lindo darnos la oportunidad de verlo diferente, de sentirlo diferente, de poner un poco de perspectiva.

Esa es mi reflexión y gratitud con mi amada serie. Estos dolores es importante permitirlos para que nos transformen y nos den un nuevo súper poder. Gracias hoy por el dolor que siento, porque además creo que es de los más dulces que he sentido en toda mi vida y sé que me está transformando. Gracias por el amor, por que es siempre la respuesta a todo. Gracias porque la divinidad tiene infinitos lenguajes que usa para hacernos saber sus mensajes <3

y... como dirían en mi otra serie súper favorita... love, like art, must always be free <3

martes, 10 de diciembre de 2019

El libro de la gratitud - Capítulo 12: Los amigos!!!

Diciembre de por fin publicar la entrada de... 

¡¡¡Los amigos!!!

Los amigos, al igual que las amigas, son muchos y muy importantes, así que voy a tratar de incluirles a todos lo mejor que pueda. Saben que son parte de mi corazón por siempre!

Al comenzar a escribir, voy hacia atrás y viene un nombre a mi mente: Felipe T. Es posiblemente uno de mis amigos más antiguos y de aquellos tan queridos que el tiempo y la distancia no han interferido con el cariño. Me acuerdo de juegos de escondidas y comentarios sobre Harry Potter y aventuras que terminaron mucho antes de lo que a todos nos hubiese gustado. Feli, gracias por estar ahí siempre con tu sonrisa, con tu buen ánimo, incluso ahora, eres un héroe y seguro que no sólo para mí. Gracias por estar en casi toda mi vida y por poner tanta alegría en ella.

Luego vinieron los cariños del colegio: Juanri, con quien la seguimos llevando hasta hoy, luego de acompañarnos también en la universidad; Santiago, quien por entonces no era aún el papá de mi hija sino mi amigo más querido; Francisco, que fue tan importante en varios momentos de la vida; y mi queridísmo Manu, cariño eterno y constante que sigue abriendo sonrisas y posibilidades hoy. Gracias por su compañía y sus cuidados, por su paciencia cuando fue necesaria y por toda la diversión que hemos podido compartir. 

Por esos días también apareció de otro modo Patricio Yolando - Payo, en mi vida. Te mereces un asiento en varios lugares de este libro de la gratitud, pero sin duda has sido una amistad grandísima, nos hemos visto crecer y crear las vidas y hemos podido celebrar el seguirnos el camino varias veces muy felices. Te quiero con todo mi corazón y celebro siempre el encuentro!

La vida pasa y gente va llegando de forma inesperada...Grandes amigos me hicieron más feliz el camino al inicio de la universidad con su actitud de hermanos mayores y que se me quedaron por siempre como maestros: Santi Giraldo, Juanca, José Luis, Sergio, César. Pasamos los días más felices en museos y conciertos y perdiendo el tiempo. Fui la pequeña en medio de esos cariños. Gracias por abrirme ese mundo de la ciencia política de manera tan divertida y bonita. A la fiesta se sumaron Pipe, Jose Puello y Diego (Mago) y Andy, con quienes vivimos tantas aventuras que no creo que el cariño se pueda olvidar alguna vez, vivir la Universidad sin ustedes no habría sido la mitad de divertida y el vernos hacer las vidas también ha sido un lindo privilegio. Les quiero por siempre.  

México lindo y querido! 

Al igual que en el capítulo de las amigas, es imposible obviar la importancia de México en esta entrada. Si bien hubo muchas amigas, los amigos que llegaron se quedaron para siempre en mi corazón. Los amigos me dieron una nueva dimensión de lo masculino, en un país en el que eso está seriamente herido. Siempre estuvieron (y están) allí desde el amor, desde la presencia, desde el cuidado, desde la inteligencia. Me encontré con hombres maravillosos allí, que hoy tengo la fortuna de contar entre mis personas queridas.

Sin duda cada uno merece una entrada: el Papi, con su buen ánimo siempre, su buena vibra, sus cuidados de hermano mayor/papá protector; mi amor Juan Iván, tanta ternura, tanto cuidado, tanto cariño que no deja de estar allí; Irving con sus bromas y su cariño; Isidro con su presencia y los detalles salidos como del sombrero de magia; y... Francisco, mi Paco, mi cariño más grande, mi mejor amigo, cómplice y confidente. Eres una de las personas a quien más quiero y admiro en el universo entero. Gracias por existir, las palabras se quedan cortas. Gracias por los playlist, por la ñoñez compartida, por las llamadas salvadoras en cualquier momento, por los días en que vivimos juntos acá y allá, por el amor, por estar en mi vida, por aprender juntos esto de la amistad del corazón. Eres maravilloso!

La familia

Entre los amigos hay cariños que fueron lindos regalos de mis hermanas. Mis queridos Anderson y Niño, que son como hermanos menores, llenos de alegría y de cosas para enseñar. Julián, mi primer hermano mayor que siempre ha tenido palabras de aliento y cariño y Juanpa, segundo hermano mayor, con quien he sido feliz compartiendo historias y música. Gracias queridos, por recibirme en sus corazones, por estar abiertos a que el vínculo creciera y se expandiera. Hacen mi corazón muy feliz y por siempre les voy a tener en el árbol familiar!

Hoy...

La vida va decantando y trae nuevas personas y otras que se van. Hoy puedo dar gracias por los regalos que han traído los trabajos, aquellos que permanecen cerca y aquellos que luego se fueron lejos: Fer, mi querido jefe y amigo, colega de la espiritualidad; David, mi compañerro, con quien aprendí tanto sobre el trabajo en equipo; Dieguis, a quien admiro por su centro y su dedicación a su familia; y mi Juan, la dulzura hecho hombre, amigo y confidente, que tus alas vuelen alto y bonito <3 Gracias por estar y por enseñarme y por hacer la vida profesional más entretenida y feliz!

He tenido sorpresas lindas, como Stith, quien con cariño me compartió su talento, todo un autodidacta y soñador, gracias por compartirte y mostrarme nuevos dibujos, música y lugares hermosos; David M, que la ruta nos ha llevado por tantos lados de aprender y hacernos preguntas juntos, de hablar de todo y de disentir tan seguido y con tanto cariño y diversión; Cris, mi amado entrenador, que has sido ejemplo de elegir la vida que uno quiere y con valentía y alegría asumirla, gracias por tu cariño y tu genialidad!; Carlitos, con toda la mutua admiración y el compartir desde la autenticidad y el aprendernos, te quiero muchísimo; y mi corazón Mario, la persona más linda del universo, el corazón más grande de todos y el ser más aplicado que haya conocido en el planeta, te adoro mucho, eres luz en mi vida!!!

Y para cerrar, los cómplices de fiestas y locuras: Cami y Dani. Amigos queridos, celebro siempre que puedo el conocerles, el compartir con ustedes. No he conocido a nadie más sen ni más acertado en sus amorosas apreciaciones que Cami. Me alegra mucho el haberme dado el chance de los almuerzos iniciales y luego los encuentros ya ritualizados en cada momento de coincidir en la ciudad que nos vio nacer. Te quiero entrañablemente, gracias por tus consejos, por tu mirada tan tranquila de la realidad y por la cerveza bailada y reída, que vengan muchos más compartires por todo el planeta!

Y Dani, mi querido amigo, mi cómplice de locuras y de cuidados. Mis últimos años se llenaron de la luz que trajo ese cariño a mi vida y es el regalo más lindo que alguien puede recibir. Gracias por ello!

Hombres amigos de mi vida, gracias infinitas por estar en ella, por ser los seres maravillosos que son. Les celebro siempre, sigan llenando el mundo con tanta belleza y tanta luz!!!



jueves, 7 de noviembre de 2019

Amar la vida

El día de hoy vuelvo sobre un tema que ya me ha convocado previamente en este espacio: la vida. 

Creo que es seguramente una de mis tareas en esta existencia. Aprender a apreciarla. A lo largo de mis pocos años en el planeta he ido de un extremo a otro en ese camino... algunos días me ha parecido demasiado agobiante y he querido tomar la puerta de atrás. Otros me he aferrado con manos, piernas, dientes, pelo a ella... me he negado a dejarme ir. Otros he surfeado por olas bonitas... Pero lo que he hecho muy poco es pasar como si nada, como si no fuera, como si no estuviera. La vida es, para mí, algo que causa interés sin duda alguna.

Hoy nació mi sobrina-nieta Margarita. Es la segunda bebé en un tiempo muy corto en mi familia: hace apenas año y medio llegó Jacobito también, mi sobrino ahijado. Fueron embarazos retadores para mi hermana y mi sobrina. Eventos poco probables, inesperados, sorpresivos en todo sentido. Alegrías que hoy nuestra familia puede apreciar!

Y eso me ha llevado a una celebración profunda de la vida. Me ha llevado a entender que es realmente un milagro. 

En esto de aprender sobre riesgos, posibilidades, decisiones, supe que solamente una de cada tres gestaciones llega a término, a un bebé que nace y llora y es feliz y vive. Las otras dos, por las razones que sea, no llegan a ser vida. Es muy interesante conocer esto, porque cobran sentido a mis ojos todas estas políticas públicas y objetivos del milenio sobre el acompañar este proceso de que la vida sea posible. Es fácil ver la cantidad de humanos que somos y pensar que somos demasiados y que hay que detener todo esto, pero no vemos del otro lado.

Y sí, hay que detener la maternidad/paternidad inconsciente, la que no estará presente, la que abandonará, la que generará sufrimiento. Hay que detener la maternidad/paternidad sin amor, la desinteresada, la que no puede ver que tiene frente a sus ojos un verdadero milagro. Esos ejercicios hechos desde la inconsciencia, son los que nos dan niños que queman su aldea para sentir su calor. Nos dejan seres humanos vacíos, sin red, que se aferran a cualquier eslogan, a cualquier camiseta, a cualquier ejército, a cualquier moda para encontrar una gota del amor que les falta. Son ellos mismos los que seguirán la epidemia de suicidios infantiles y adolescentes que azota nuestra sociedad sin discriminar condición social, género, gusto musical.

Pero no es la vida la que debemos detener. Es eso lo que no estamos viendo, es lo que no estamos valorando. En medio de la angustia de la desigualdad, de la depresión masificada, nos olvidamos del milagro que es la vida. Nos olvidamos de que somos el éxito del amor de nuestros ancestros, de nuestros padres, de millones de años de seres que han vivido para que por un evento de infinita suerte estemos acá. Por eso nos tratamos como si fuéramos un virus incontenible, como si tuviéramos que ser erradicados, no le damos ningún significado a nuestras vidas.

Pero lo tienen. La vida es un milagro. Y si la vida es un milagro, es sagrada, merece nuestro respeto y consideración. Si nos tratamos como este episodio sin par que somos, tal vez podríamos empezar a ver a las otras existencias como milagros también, como eventos afortunados... Nos detendríamos más fácil antes de apretar un gatillo o ejercer cualquier violencia en contra de cualquier criatura. 

Si un bebé humano que nace es visto con alegría, con bienvenida, como un éxito de la vida sobre las infinitas posibilidades de azar en que pudo no ser, entonces su destino es un asunto de toda la sociedad. Entonces su madre es una heroína que merece nuestro amor y atención, la contención en su proceso de descubrir cómo es eso de acompañar. Entonces no estará sola aceptando su castigo por abrir las piernas, sino que tendrá a su familia y su comunidad caminando con ella esa ruta y nutriéndola para que pueda nutrir. Entonces el padre estará ocupado de celebrar el fruto de su semilla y se sentirá afortunado de haberlo conseguido, en lugar de abandonar corriendo o de mantener una presencia ausente.
Entonces ese o esa bebé y su educación no serán un privilegio reservado para unos pocos que sí 'valen la pena', sino un jardín para presentarles el mundo que ahora van a habitar, las relaciones de respeto que es importante que construyan, el lugar para celebrar y mostrarles la maravilla que son solamente por existir, para que así puedan tratar al resto de la creación como eso: como algo maravilloso y digno.

Si nuestros pequeños y pequeñas crecen con esas claridades, el actuar en contra de sí mismos, el ocasionarse sufrimiento para sentir, dejaría de ser algo necesario... con tanto que hay por hacer y transformar. Pero lo que tienen encima es nuestra mirada desconfiada con cada nuevo ser, como si fuera a robarse nuestro siguiente pedazo de comida... y luego nos preguntamos qué los lleva a decidir rechazarse, rechazar el mundo, rechazar la existencia del modo en que lo hacemos. 

La vida, queridos y queridas, es algo precioso y singular. Único. No estamos acá de azar, somos los más afortunados, las más suertudas, el episodio de eureka, el grito real de 'It's alive!'.

Así que, querida Margarita, hoy celebro tu vida. Bienvenida, siempre lo fuiste desde el primer instante. Y a Sally, su mami, cuentas con tu manada, que está feliz hoy contigo, que ríe ante el milagro que nos has regalado!

Como decía alguien que no recuerdo quién era, podemos ver todo como normal o como un milagro. Hoy elijo ver el milagro que la vida es, desde el corazón y desde la mente y con todo el compromiso de mi ser por ponerme de este lado.

Gracias papás por darme la vida. Gracias abuelos y bisabuelos. Gracias porque nosotras, Mars y Jacobito y Margarita son el éxito de ustedes y de toda la humanidad.

Vida del amor <3
  


Para Margarita y Lavanda. 

lunes, 12 de agosto de 2019

El libro de la gratitud - Capítulo 11: Daniel


Hace algunas semanas surgió una idea que me pareció linda. Hay una persona que es muy importante para mí y en uno de esos momentos de magia y conexión, pensamos que sería lindo contar cómo ha sido este camino juntos. Lo dejé ahí, pero con los días fue creciendo en mí la intención de escribirlo y me propuse hacerlo un capítulo de El Libro de la Gratitud. Así que acá va.

Mi persona se llama Daniel. Tiene 40 años. Es colombo-español, pero, como tiene un acento muy marcado, le tratan más frecuentemente como extranjero. Hemos tenido momentos muy divertidos con eso, que a él no le hacen 'ni puta gracia'. De ahí armé el apodo con el que cariñosamente me refiero a él cuando no está presente: ‘mi español’.


Nos conocimos hace cerca de año y medio. Era un sábado de una noche no tan fría en Bogotá. Asistimos por partes separadas a la misma fiesta y nos gustamos de lejos. Recuerdo muy claramente verlo entre la gente y morderme los labios. Lo que siguió a eso fue tenerlo al lado en la barra e iniciar la conversación. Amé el acento desde el primer momento y nos entendimos fácil. Pensé en irme, pero 
la química fluyó rápidamente... nos fuimos a un lugar aparte y sin saber de qué manera, él me preguntó si podía besarme, a lo que yo respondí con facilidad: bueno :) Y así empezó todo.

Ese día caminamos por muchas calles, casi sin rumbo, compartiendo besos y caricias e historias. El encuentro fue muy feliz. Me dejó en mi casa cerca de la madrugada, sin intercambiar teléfonos. Fue claro para mí que era una persona que no me resultaría fácil descifrar. Pero nos volvimos a ver pronto y fuimos a escuchar jazz: primer regalo de la relación. Estar en ese espacio fue como reconectar con una parte de mí con la que no conversaba hacía tiempo. Los sonidos me alegraron el corazón y luego de varios intentos de espantarlo (sin éxito) con mi amplitud de gustos en la música, hicimos de ella un lenguaje común. Era algo con lo que veníamos ambos por separado, pero fue lindo que la comunicación fluyera fácil por allí. Daniel no tenía puertas cerradas para las experiencias, en especial en los ritmos, así que me sentí muy cómoda, con ese primer escenario de la aceptación.

Las noches de jazz continuaron y se sumaron a tardes de centro, obras de teatro y música, madrugadas que alargábamos justo lo necesario para evitar el sol. Lo que parecía que iba a tratarse de un par de días, se volvió semanas y luego meses. Hablábamos de todo y me sentía identificada en muchos aspectos con su historia de vida, con su manera de sentir. Continué muy atraída por ello y pese a que todo era muy confuso en dinámicas y límites, teniendo la puerta abierta todo el tiempo, me quedé.

El tiempo me llevó a aprender a hablarle de las cosas que al inicio me daban miedo. Me aterraba la idea de asustarlo, así que me callé en ocasiones en las que no debí hacerlo. Pero luego, él estaba allí, dispuesto a escucharme, con esa frase que incorporé a mi léxico del amor: 'cuéntame más'. A medida que la capa de hielo de mi corazón se iba derritiendo, empezó a aparecer la ternura entre nosotros, en juegos de cariño y risas y largos ratos de amor. Poco a poco me fui acoplando a sus brazos, a recostarme en su pecho, a consentirlo cuando reposaba sobre el mío, entre canciones de música suavecita.

Fito dice que el amor es un ejercicio. Creo que así fue un poco como se dieron las cosas entre nosotros. Lo nuestro empezó a compás de salsa y con una conexión inicial limitada. Se fue ampliando entre ritmos musicales de todo el mundo y a distintas horas del día. Nos lo fuimos bebiendo entre cervezas, en los sofás de un bar, en la puerta de mi casa o en cualquier cuadra que lo ameritara en la zona céntrica de Bogotá. Se movió por diversos lugares y colores del cielo, con postres muy ácidos para mi resaca y soles demasiado intensos para su espíritu vampiresco. Fue un amor de arrebato, aunque no me di cuenta en un principio. Se me volvió un vínculo innegociable desde el comienzo, pese a que no fue nada bien recibido por nadie en mi entorno. Ahora que lo veo hacia atrás, estuve mucho más allí de lo que pensé que estaba en el momento y tuve un cómplice dispuesto para ello en él.

Daniel también me acompañó en un momento difícil para mí en el que me sentí ahogada en la tristeza. Tuvimos algunas noches en las que fue saliendo gradualmente el dolor que me habitaba. Yo veía crecer ese sentimiento sin poder hacer nada y no había contención en esa relación, sino más bien un impulso a lidiar con el monstruo, y si había de perecer en sus fauces, pues estaba de dios… Esto me confundió mucho, pero luego acabó por tener sentido y se volvió uno de mis motivos más grandes de gratitud con él.

Al lidiar con este asunto tuvimos unos largos días de distancia que llegaron finalmente a mi cumpleaños, momento en el que había asumido que la historia había quedado allí. Pero, a la media noche de ese día, mientras yo escribía mi manifiesto de ‘ahora sí voy a vivir’, recibí un mensaje suyo de cariño y festejo. Volvimos a estar cerca por un tiempo y la historia continuaba en el punto donde la habíamos dejado. Eso me parecía mágico. Por entonces yo tenía un viaje  programado que inicialmente me llevaría fuera del país por término indefinido y nuevamente pasé casi mi última noche en Colombia en sus brazos. Lo rodeé muy fuerte con los míos y le dije ‘he sido muy feliz contigo’ a lo que me respondió con su acostumbrada jocosidad: ‘y lo que nos falta!’. 

Los meses siguientes nos mantuvimos tan cerca como era posible estando tan lejos. Lo de las charlas cibernéticas nunca fue lo nuestro, así que tuve tiempo de extrañarlo y recordar con cariño lo vivido. Al vernos, fuimos felices de nuevo; no fueron muy frecuentes los encuentros, pero con un color especial. Me quedaba la sensación de amor y el corazón lleno de felicidad. Era extraño para mí que algo tan difuso me hiciera tanto bien.

Ese tiempo de palabras bonitas y cercanía se mantuvo hasta poco tiempo antes de escribir esto, que como ya lo dije, fue por sugerencia del propio Daniel. El tiempo y el cariño hacen lo suyo y de forma suave pero constante fue llegando a un lugar propio en mí. Su amor fue fundamental durante la crisis que logró abrirme el corazón de nuevo, que me permitió contactar con la vida, con su mano en la mía, con esa forma tan bella y tan desconocida para mí, ese 'saber estar' que no buscaba nada más que acompañar. 

Me gusta mucho lo que hemos venido construyendo, porque pese a que esto siempre fue un arrebato, intenso y apasionado, el acercarnos fue paulatino, con una tranquilidad particular. Daniel tuvo siempre claro que esto era algo para mantener en el tiempo y las circunstancias y eso me ha dado el regalo del aprender a amar a las personas como son, con sus maneras, con sus tiempos, disfrutando cada segundo del compartir como si hasta allí fuera a llegar, al tiempo que hemos buscado nutrir, estar presentes, construir.

Gracias por los mil aprendizajes hasta hoy. Gracias por tu amor por la vida que resulta tan inspirador, porque me has contado que no siempre te sentiste así, porque sé que el valor es real y construido a pulso y me invitaste a crear mi propio camino en eso. Gracias por ser el cómplice de fiestas felices y de otras que no lo han sido tanto, por los paseos en moto en que me moría del miedo y que aprendí a amar, por los cafés y los postres, por el arte compartido. Gracias por escucharme de corazón a corazón, eso me ha ayudado a sanar de maneras que apenas te puedo expresar en palabras. Gracias por ser el pretexto para visitar lugares de mí y aprenderme de modos completamente nuevos, quererte de tantas maneras, sentirme tan querida de forma tan real y saber que siempre seguimos siendo tú y yo. Ha sido muy divertido y retador y a veces triste y muy feliz también, pero sin duda emocionante. Y hoy, con todo mi corazón, quiero mucho que siga siendo verdad nuestra frase: !y lo que nos falta!

Te adoro, cariño. Eres maravilloso. Gracias por hacerme tanto bien <3