martes, 30 de junio de 2020

Al lado

La semana pasada fue una dolorosa para Colombia. Supimos que nuestro director de cine emblemático, aparentemente cometió actos de acoso y abuso sexual en contra de una serie de mujeres que se animaron a contar su historia, con el ánimo de incentivar un alto en este tipo de prácticas, por parte de Ciro y también en el medio audiovisual en general. Y además, como si esto ya no fuera suficiente, una niña indígena fue violada por siete militares. Yo sentí profundamente estas noticias, de muchas maneras, y tuve la ocasión de conversar con varios varones y algunas mujeres sobre el tema y sus percepciones al respecto. No es un tema fácil, siempre he pensado que en estas discusiones sobre la violencia de género, es donde más claramente ponemos el pellejo en el asador, es donde se juegan nuestro miedos y vacíos y violencias más profundas.

Una de las conversaciones que tuve y la que más ruido me hizo, fue con una persona que me comentó que debíamos dejar de lado la discusión sobre las diferencias de género y de las afectaciones que eso tiene en nuestras vidas humanas. Que no podíamos hablar de los hombres como todos unos infelices y que no se podía cobrar esta violencia estructural de manera individual a cada uno de ellos. Y estoy de acuerdo, hasta cierto punto. Sin embargo, le comenté en ese momento que el negar la realidad de la desigualdad y la violencia que existe hoy en día entre hombres y mujeres, resulta una revictimización en muchos sentidos y no contribuye a que generemos estrategias de cambio. Pero también y más claramente, me dolió a mí, a Diana y a todas las mujeres que traigo en mí.

Este hombre me comentaba sobre su molestia frente a lo que hemos llamado radicalización de algunos colectivos femeninos, en los que se señala a los varones como un todo en un sentido violento, que se les cataloga como violadores, violentos, abusivos, de manera general. Estas expresiones hacen parte del profundo enojo que tenemos las mujeres frente a siglos de patriarcado que hoy por fortuna, pese a que persiste esa violencia, podemos empezar a expresar, que no es poco. Sin embargo, entiendo la molestia, lo he conversado con otros amigos y siento la misma angustia, y queridos, no se me olvida la reflexión y la auto observación en ese sentido.

Pero mi pregunta para esta persona, para este hombre, que es además una de las personas que más he querido y respetado en mi vida, era si no vendría mejor preguntarnos por qué estamos tan bravas. De dónde viene semejante nivel de enojo, de rabia, que tenemos que llevarlo a las calles, a las paredes, a los monumentos, a las arengas y los bailes. Por qué mujeres por todo el mundo tienen tanta rabia, si los hombre no son todos unos h.... de ... ???

Y desde ahí, le planteé una cosa que vengo tratando, con dificultad, de poner en práctica en mi vida, sobre la importancia de generar estas conversaciones sobre la violencia de género y sobre nuestras diferencias en general (que son reales, para mí) al lado, y no al frente. Hace algunos años estuve tan enojada como muchas de las mujeres sobre las que cuento acá. Y se la cobré a los hombres que hubo en mi vida en ese momento, empezando por mi papá, por supuesto, pero pasando por amigos y por mi pareja y todo el que pude. Necesité ese enojo, me vino bien, me permitió transitar momentos dolorosos. Yo he vivido en carne propia este maltrato, la violencia y las huellas que deja. En mi mente pensaba al hablar con esta persona: 'Si tú supieras... si supieras de dónde viene este enojo...'. Pero tal vez no lo sabe, tal vez la mayoría de hombres no lo saben, porque están cegados en sus pequeños privilegios, ciegos al dolor de las mujeres y ciegos a su propio dolor, porque este sistema nos cobra muy caro a todos. También tenemos nuestras cegueras nosotras.

Tal vez vendría bien contar, y no como una víctima, que no soy, sino como alguien que las ha experimentado, que estas violencias dejan huellas en nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestras mentes y que el proceso de recuperarnos de eso, es largo y retador. Y no siempre tenemos las herramientas para hacerlo, entonces con frecuencia nos sentimos perdidas, culpables, confundidas. Hablar de ello ayudaría, pero cuando se hace, nos encontramos a la familia, los amigos, el Estado y la sociedad en general, dudando de creernos (o negando, de plano) que cosas tan dolorosas puedan pasar. Y no nos dejan hablar. Porque además de horrible, esto es profundamente doloroso, tanto, que preferimos decir que es mentira para no tener que lidiar con ello como sociedad, para no admitir que tenemos un problema allí. Mejor hablar de manzanas podridas, mejor de hablar de 'casos aislados'. Aún con eso, muchas tomamos la decisión de recuperarnos a nuestra manera y lo mejor que podemos. Yo no creo que ello dependa de quien agrede, sino que uno puede elegir su camino y hacer lo que sea necesario por amor a uno mismo, y dejar al otro con sus temas por resolver para que se haga cargo de ellos. Creo, con muchas mujeres, que está en nuestra potestad y es nuestro derecho ir más allá del abuso como definitorio de nuestras vidas. Y, con todo eso, no sería más lindo, más dulce para la sociedad, que en lugar de hacer mujeres fuertes a punta de recuperarse de heridas, hiciéramos mujeres fuertes porque tenemos niñas amadas, dignificadas, protegidas?

No sería mejor que en lugar de discutir cadenas perpetuas y castraciones químicas (tamaña ridiculez), habláramos de hombres amados, dignificados, reconocidos desde su infancia?

Todo esto lo digo al lado, de la mano o en un abrazo, hablando con esa persona que tanto me importa y a quien tanto respeto. Porque me importa y le respeto, porque no quiero hacer un señalamiento agresivo, aunque a veces eso también sea necesario y válido, a veces los límites hay que marcarlos con un grito. Lo digo al lado de una sociedad a la que le cuesta verse a la cara de verdad, que vivimos inventando mentiras y orgullos falsos para no hundirnos en la miseria ética en la que ya vivimos. Hay que vernos al espejo, de otro modo, esto nunca va a cambiar. Hemos avanzado mucho, pero aún falta mucho y lo que falta, existe hoy en personas que sufren, en más niñas que van a tener (o no) que recuperarse de esas heridas.

Yo no creo que haya una solución única para esto. Creo que necesitamos ver la forma como este sistema nos rompe a todos, hombres y mujeres, y la forma como de allí, de ese dolor intenso, surge la fuerza para que atrocidades como el desborde de violencia contra la niña indígena ocurran. Esto no puede hacerlo sino un ser profundamente roto y pensar en eso, también es difícil. Es algo atroz, que viene de personas que seguramente han vivido cosas atroces, y una sociedad demasiado ocupada en olvidarse de sus dolores como para prestar atención, para cuidar, para proteger. 

No creo que Ciro deba ser apedreado en el paredón, pero tampoco creo que podamos negar esto y seguir como si nada; y creo válido generar conversaciones en doble vía sobre el tema, en el que los varones puedan reconocer esas violencias, que les están muchas veces integradas, como algo incómodo, doloroso, vomitivo para nosotras. Creo que saldríamos mejor de allí que de un señalamiento unidireccional, con más aprendizajes y con el mismo nivel de rechazo que hoy produce el que esto ocurra. No es una persona, es un modo de funcionar. Hace poco tiempo me enteré de que un amigo muy querido mío tuvo comportamientos de este tipo con una de mis personas más queridas en el mundo y en mis narices. Le tomó años contarme. Y me dolió muchísimo el enterarme y no haberla protegido y también me dolió mucho el desterrar a esa persona de mi vida, al no tener forma de generar una conversación constructiva. 

Y también he visto a hombres poner la cara y asumirse y verse al espejo y encontrar al monstruo y conversar con él. Sé que nace del dolor, porque he visto muy de cerca ese proceso. Sé que el amor puede sanar estas heridas, pero primero hay que verlas, abordarlas, llorarlas. Puede ser más de una cosa, puede no ser en blanco y negro: es posible generar rechazo y a la vez reconocer que nos duele que esto ocurra con personas que queremos, con varones a quienes admiramos, a quienes amamos, en quienes confiábamos y en quienes podemos volver a confiar. 

Para terminar, me gustaría decir que detrás de mi 'Si tú supieras...', hay un gran 'si nosotras supiéramos...' que no nos han contado.... es uno de los grandes colaterales del funcionamiento de este sistema, porque les cuesta mucho verse a los chicos y a nosotras estar dispuestas a escuchar. Sabemos poco de su dolor, de la forma como han pasado por este planeta y no me parece poco importante este vacío. Hay muchos que ya están procurando hacer el ejercicio, poco a poco. Gracias por ser tan valientes.

En últimas, sí se trata de humanos hablando con humanos, de historias parecidas y también diferentes. Mi invitación es a que nos importe, que esto sea menos de tener la razón, de quién grita más duro, y más de sanar como humanidad. Sé que no podemos culparnos por el pecado de Adán, pero sí podemos responder por ello hoy, como respondemos por las embarradas de los bancos y por el calentamiento global: somos los hijos que se hacen cargo del mundo que les dejaron sus padres. Podemos hacerlo más amoroso, que la conversación sea al lado, juntos. Para mí, allí está la respuesta. 

PD: Sigan quemando las calles chicas, y los monumentos y las banderas. En ese enojo también hay poder. Para que algún día podamos sentarnos de verdad a hablar de corazón a corazón.

miércoles, 8 de enero de 2020

El corazón abierto


Mi personaje favorito de toda la vida ha sido Sailor Moon🌙. Me he visto un par de veces la serie completa y más de tres la última temporada, que es mi favorita. Mi relación con la serie ha tenido amores y disgustos, me he identificado más o menos con diferentes personajes, pero siempre termino concluyendo que el más lindo de todos es Usagi (Sailor Moon) y ahora últimamente con más fuerza. Pienso que hubo razones de peso para que ese fuera mi punto de admiración.

Ahora que estoy más grande y que sigo sintiendo esa conexión con los contenidos que plantea la serie, me parece lindo reflexionar y también sentir por qué permanece eso allí y qué tiene para enseñarme cada vez que vuelvo a verla. 

Y hoy, que siento mucho dolor en mi corazón debido a unas decisiones que tuve que tomar, creo que es porque Sailor Moon se trata fundamentalmente del amor. De todo el amor. Usagi es el personaje que es, porque es un personaje que siempre parte de allí. Es una chica torpe, perezosa, desconcentrada, desaplicada en el estudio, un poco quejetas... pero al final del día siempre confía en ella misma y confía, sobre todas las cosas, en el amor de su corazón. Sabe que ese es su centro de poder, el lugar desde el que puede aceptar a las demás personas: tanto a sus personas queridas, como a sus enemigos y aquellas que fluctúan a lo largo de las historias. 

Y nunca lo piensa, simplemente ella es así. Usagi nos presenta un ser que no funciona desde la racionalidad, sino desde la emoción, desde el afecto, de la manera más honesta posible. Sabe que es vulnerable y permite que le cuiden y también sabe que es fuerte, pero no para impedir que las cosas le ocurran, no desde el bloqueo, la frialdad o el muro, sino para permitir que la habiten y, desde ese amor, transformarlas.

Mi temporada favorita es la última por dos razones grandes: la primera es porque aparece uno de mis amores infinitos: Seiya - Sailor Star Fighter, quien nos permite ver más claramente quién es Usagi. Comparte con ella desde la amistad y le regala el también descubrirse sin estar en pareja, sin Mamoru - Tuxedo Mask, quien está ausente prácticamente todo el tiempo. Esa amistad le muestra a Usagi que puede seguir siendo el ser de amor que es y retarse en muchos sentidos sin tener al chico al lado. Por supuesto Seiya termina perdidamente enamorado de Usagi, no había posibilidad de que no fuera así, es demasiado linda... Pero incluso en la falta de correspondencia del sentimiento en que acaba la historia, es dulce el intercambio y ella lo siente profundamente.



La otra razón, es por el villano al que se enfrentan: el caos. El caos que ha tomado posesión de la guerrera más poderosa del universo, quien en un acto de profunda ingenuidad creyó que podría contenerlo ella sola en su cuerpo. Sailor Galaxia le ocasiona muchos dolores a las chicas durante algunos episodios hasta que se enfrenta con Usagi, quien tiene la instrucción de acabar con la vida de la guerrera para poder evitar que el caos siga haciendo de las suyas. Pero... ella no hace caso a lo que le es dicho, sino que lleva la reflexión más allá y abre completamente el corazón para poder llegar al de Galaxia, dolor incluido y todo. Y la alcanza 💕 🌟.

El final es así como para enmarcar en un pedestal de la inteligencia emocional: Galaxia le pregunta y ahora qué van a hacer con el caos... a lo que Usagi responde con total tranquilidad: 'Lo enviamos a donde pertenece: a los corazones de las personas en todo el universo, donde también alumbra la luz de la esperanza💕'. Y, al tiempo, Galaxia se encarga de reparar el daño que ha hecho por años en todas partes. No hay miedo en volver a empezar, ni juicios.


Cuando escribo esto, me vuelve a parecer increíble cómo un mensaje tan poderoso se puede dar de forma tan sencilla. Es el amor. Ya está. La respuesta a todo, al dolor, a la confusión, a la sensación de separación... es el amor. Es mantener abierto el corazón. Pensé por unos días que el corazón de Usagi era tan fuerte que nada podía dañarlo, pero ahora me doy cuenta de que la fortaleza y la razón por la que nada puede con ella es porque es vulnerable, porque se permite que le afecten las cosas, que le duelan, deja que esa experiencia externa la atraviese y la transforme (por eso siempre está cambiando de cetro y de poder).

Siento que quiero que mi camino vaya por allí. Abrir el corazón y mantenerlo así, fluir, sentir, ser vulnerable. Amar, doler, sentir la alegría y el miedo. Muy posiblemente desde allí la experiencia sea distinta, más amplia, más plena, más presente. Es retador en este mundo que nos enseña que la fortaleza es rigidez y cierre, eso fue lo que yo aprendí desde siempre. Pero tal vez sea lindo darnos la oportunidad de verlo diferente, de sentirlo diferente, de poner un poco de perspectiva.

Esa es mi reflexión y gratitud con mi amada serie. Estos dolores es importante permitirlos para que nos transformen y nos den un nuevo súper poder. Gracias hoy por el dolor que siento, porque además creo que es de los más dulces que he sentido en toda mi vida y sé que me está transformando. Gracias por el amor, por que es siempre la respuesta a todo. Gracias porque la divinidad tiene infinitos lenguajes que usa para hacernos saber sus mensajes <3

y... como dirían en mi otra serie súper favorita... love, like art, must always be free <3

martes, 10 de diciembre de 2019

El libro de la gratitud - Capítulo 12: Los amigos!!!

Diciembre de por fin publicar la entrada de... 

¡¡¡Los amigos!!!

Los amigos, al igual que las amigas, son muchos y muy importantes, así que voy a tratar de incluirles a todos lo mejor que pueda. Saben que son parte de mi corazón por siempre!

Al comenzar a escribir, voy hacia atrás y viene un nombre a mi mente: Felipe T. Es posiblemente uno de mis amigos más antiguos y de aquellos tan queridos que el tiempo y la distancia no han interferido con el cariño. Me acuerdo de juegos de escondidas y comentarios sobre Harry Potter y aventuras que terminaron mucho antes de lo que a todos nos hubiese gustado. Feli, gracias por estar ahí siempre con tu sonrisa, con tu buen ánimo, incluso ahora, eres un héroe y seguro que no sólo para mí. Gracias por estar en casi toda mi vida y por poner tanta alegría en ella.

Luego vinieron los cariños del colegio: Juanri, con quien la seguimos llevando hasta hoy, luego de acompañarnos también en la universidad; Santiago, quien por entonces no era aún el papá de mi hija sino mi amigo más querido; Francisco, que fue tan importante en varios momentos de la vida; y mi queridísmo Manu, cariño eterno y constante que sigue abriendo sonrisas y posibilidades hoy. Gracias por su compañía y sus cuidados, por su paciencia cuando fue necesaria y por toda la diversión que hemos podido compartir. 

Por esos días también apareció de otro modo Patricio Yolando - Payo, en mi vida. Te mereces un asiento en varios lugares de este libro de la gratitud, pero sin duda has sido una amistad grandísima, nos hemos visto crecer y crear las vidas y hemos podido celebrar el seguirnos el camino varias veces muy felices. Te quiero con todo mi corazón y celebro siempre el encuentro!

La vida pasa y gente va llegando de forma inesperada...Grandes amigos me hicieron más feliz el camino al inicio de la universidad con su actitud de hermanos mayores y que se me quedaron por siempre como maestros: Santi Giraldo, Juanca, José Luis, Sergio, César. Pasamos los días más felices en museos y conciertos y perdiendo el tiempo. Fui la pequeña en medio de esos cariños. Gracias por abrirme ese mundo de la ciencia política de manera tan divertida y bonita. A la fiesta se sumaron Pipe, Jose Puello y Diego (Mago) y Andy, con quienes vivimos tantas aventuras que no creo que el cariño se pueda olvidar alguna vez, vivir la Universidad sin ustedes no habría sido la mitad de divertida y el vernos hacer las vidas también ha sido un lindo privilegio. Les quiero por siempre.  

México lindo y querido! 

Al igual que en el capítulo de las amigas, es imposible obviar la importancia de México en esta entrada. Si bien hubo muchas amigas, los amigos que llegaron se quedaron para siempre en mi corazón. Los amigos me dieron una nueva dimensión de lo masculino, en un país en el que eso está seriamente herido. Siempre estuvieron (y están) allí desde el amor, desde la presencia, desde el cuidado, desde la inteligencia. Me encontré con hombres maravillosos allí, que hoy tengo la fortuna de contar entre mis personas queridas.

Sin duda cada uno merece una entrada: el Papi, con su buen ánimo siempre, su buena vibra, sus cuidados de hermano mayor/papá protector; mi amor Juan Iván, tanta ternura, tanto cuidado, tanto cariño que no deja de estar allí; Irving con sus bromas y su cariño; Isidro con su presencia y los detalles salidos como del sombrero de magia; y... Francisco, mi Paco, mi cariño más grande, mi mejor amigo, cómplice y confidente. Eres una de las personas a quien más quiero y admiro en el universo entero. Gracias por existir, las palabras se quedan cortas. Gracias por los playlist, por la ñoñez compartida, por las llamadas salvadoras en cualquier momento, por los días en que vivimos juntos acá y allá, por el amor, por estar en mi vida, por aprender juntos esto de la amistad del corazón. Eres maravilloso!

La familia

Entre los amigos hay cariños que fueron lindos regalos de mis hermanas. Mis queridos Anderson y Niño, que son como hermanos menores, llenos de alegría y de cosas para enseñar. Julián, mi primer hermano mayor que siempre ha tenido palabras de aliento y cariño y Juanpa, segundo hermano mayor, con quien he sido feliz compartiendo historias y música. Gracias queridos, por recibirme en sus corazones, por estar abiertos a que el vínculo creciera y se expandiera. Hacen mi corazón muy feliz y por siempre les voy a tener en el árbol familiar!

Hoy...

La vida va decantando y trae nuevas personas y otras que se van. Hoy puedo dar gracias por los regalos que han traído los trabajos, aquellos que permanecen cerca y aquellos que luego se fueron lejos: Fer, mi querido jefe y amigo, colega de la espiritualidad; David, mi compañerro, con quien aprendí tanto sobre el trabajo en equipo; Dieguis, a quien admiro por su centro y su dedicación a su familia; y mi Juan, la dulzura hecho hombre, amigo y confidente, que tus alas vuelen alto y bonito <3 Gracias por estar y por enseñarme y por hacer la vida profesional más entretenida y feliz!

He tenido sorpresas lindas, como Stith, quien con cariño me compartió su talento, todo un autodidacta y soñador, gracias por compartirte y mostrarme nuevos dibujos, música y lugares hermosos; David M, que la ruta nos ha llevado por tantos lados de aprender y hacernos preguntas juntos, de hablar de todo y de disentir tan seguido y con tanto cariño y diversión; Cris, mi amado entrenador, que has sido ejemplo de elegir la vida que uno quiere y con valentía y alegría asumirla, gracias por tu cariño y tu genialidad!; Carlitos, con toda la mutua admiración y el compartir desde la autenticidad y el aprendernos, te quiero muchísimo; y mi corazón Mario, la persona más linda del universo, el corazón más grande de todos y el ser más aplicado que haya conocido en el planeta, te adoro mucho, eres luz en mi vida!!!

Y para cerrar, los cómplices de fiestas y locuras: Cami y Dani. Amigos queridos, celebro siempre que puedo el conocerles, el compartir con ustedes. No he conocido a nadie más sen ni más acertado en sus amorosas apreciaciones que Cami. Me alegra mucho el haberme dado el chance de los almuerzos iniciales y luego los encuentros ya ritualizados en cada momento de coincidir en la ciudad que nos vio nacer. Te quiero entrañablemente, gracias por tus consejos, por tu mirada tan tranquila de la realidad y por la cerveza bailada y reída, que vengan muchos más compartires por todo el planeta!

Y Dani, mi querido amigo, mi cómplice de locuras y de cuidados. Mis últimos años se llenaron de la luz que trajo ese cariño a mi vida y es el regalo más lindo que alguien puede recibir. Gracias por ello!

Hombres amigos de mi vida, gracias infinitas por estar en ella, por ser los seres maravillosos que son. Les celebro siempre, sigan llenando el mundo con tanta belleza y tanta luz!!!



jueves, 7 de noviembre de 2019

Amar la vida

El día de hoy vuelvo sobre un tema que ya me ha convocado previamente en este espacio: la vida. 

Creo que es seguramente una de mis tareas en esta existencia. Aprender a apreciarla. A lo largo de mis pocos años en el planeta he ido de un extremo a otro en ese camino... algunos días me ha parecido demasiado agobiante y he querido tomar la puerta de atrás. Otros me he aferrado con manos, piernas, dientes, pelo a ella... me he negado a dejarme ir. Otros he surfeado por olas bonitas... Pero lo que he hecho muy poco es pasar como si nada, como si no fuera, como si no estuviera. La vida es, para mí, algo que causa interés sin duda alguna.

Hoy nació mi sobrina-nieta Margarita. Es la segunda bebé en un tiempo muy corto en mi familia: hace apenas año y medio llegó Jacobito también, mi sobrino ahijado. Fueron embarazos retadores para mi hermana y mi sobrina. Eventos poco probables, inesperados, sorpresivos en todo sentido. Alegrías que hoy nuestra familia puede apreciar!

Y eso me ha llevado a una celebración profunda de la vida. Me ha llevado a entender que es realmente un milagro. 

En esto de aprender sobre riesgos, posibilidades, decisiones, supe que solamente una de cada tres gestaciones llega a término, a un bebé que nace y llora y es feliz y vive. Las otras dos, por las razones que sea, no llegan a ser vida. Es muy interesante conocer esto, porque cobran sentido a mis ojos todas estas políticas públicas y objetivos del milenio sobre el acompañar este proceso de que la vida sea posible. Es fácil ver la cantidad de humanos que somos y pensar que somos demasiados y que hay que detener todo esto, pero no vemos del otro lado.

Y sí, hay que detener la maternidad/paternidad inconsciente, la que no estará presente, la que abandonará, la que generará sufrimiento. Hay que detener la maternidad/paternidad sin amor, la desinteresada, la que no puede ver que tiene frente a sus ojos un verdadero milagro. Esos ejercicios hechos desde la inconsciencia, son los que nos dan niños que queman su aldea para sentir su calor. Nos dejan seres humanos vacíos, sin red, que se aferran a cualquier eslogan, a cualquier camiseta, a cualquier ejército, a cualquier moda para encontrar una gota del amor que les falta. Son ellos mismos los que seguirán la epidemia de suicidios infantiles y adolescentes que azota nuestra sociedad sin discriminar condición social, género, gusto musical.

Pero no es la vida la que debemos detener. Es eso lo que no estamos viendo, es lo que no estamos valorando. En medio de la angustia de la desigualdad, de la depresión masificada, nos olvidamos del milagro que es la vida. Nos olvidamos de que somos el éxito del amor de nuestros ancestros, de nuestros padres, de millones de años de seres que han vivido para que por un evento de infinita suerte estemos acá. Por eso nos tratamos como si fuéramos un virus incontenible, como si tuviéramos que ser erradicados, no le damos ningún significado a nuestras vidas.

Pero lo tienen. La vida es un milagro. Y si la vida es un milagro, es sagrada, merece nuestro respeto y consideración. Si nos tratamos como este episodio sin par que somos, tal vez podríamos empezar a ver a las otras existencias como milagros también, como eventos afortunados... Nos detendríamos más fácil antes de apretar un gatillo o ejercer cualquier violencia en contra de cualquier criatura. 

Si un bebé humano que nace es visto con alegría, con bienvenida, como un éxito de la vida sobre las infinitas posibilidades de azar en que pudo no ser, entonces su destino es un asunto de toda la sociedad. Entonces su madre es una heroína que merece nuestro amor y atención, la contención en su proceso de descubrir cómo es eso de acompañar. Entonces no estará sola aceptando su castigo por abrir las piernas, sino que tendrá a su familia y su comunidad caminando con ella esa ruta y nutriéndola para que pueda nutrir. Entonces el padre estará ocupado de celebrar el fruto de su semilla y se sentirá afortunado de haberlo conseguido, en lugar de abandonar corriendo o de mantener una presencia ausente.
Entonces ese o esa bebé y su educación no serán un privilegio reservado para unos pocos que sí 'valen la pena', sino un jardín para presentarles el mundo que ahora van a habitar, las relaciones de respeto que es importante que construyan, el lugar para celebrar y mostrarles la maravilla que son solamente por existir, para que así puedan tratar al resto de la creación como eso: como algo maravilloso y digno.

Si nuestros pequeños y pequeñas crecen con esas claridades, el actuar en contra de sí mismos, el ocasionarse sufrimiento para sentir, dejaría de ser algo necesario... con tanto que hay por hacer y transformar. Pero lo que tienen encima es nuestra mirada desconfiada con cada nuevo ser, como si fuera a robarse nuestro siguiente pedazo de comida... y luego nos preguntamos qué los lleva a decidir rechazarse, rechazar el mundo, rechazar la existencia del modo en que lo hacemos. 

La vida, queridos y queridas, es algo precioso y singular. Único. No estamos acá de azar, somos los más afortunados, las más suertudas, el episodio de eureka, el grito real de 'It's alive!'.

Así que, querida Margarita, hoy celebro tu vida. Bienvenida, siempre lo fuiste desde el primer instante. Y a Sally, su mami, cuentas con tu manada, que está feliz hoy contigo, que ríe ante el milagro que nos has regalado!

Como decía alguien que no recuerdo quién era, podemos ver todo como normal o como un milagro. Hoy elijo ver el milagro que la vida es, desde el corazón y desde la mente y con todo el compromiso de mi ser por ponerme de este lado.

Gracias papás por darme la vida. Gracias abuelos y bisabuelos. Gracias porque nosotras, Mars y Jacobito y Margarita son el éxito de ustedes y de toda la humanidad.

Vida del amor <3
  


Para Margarita y Lavanda. 

lunes, 12 de agosto de 2019

El libro de la gratitud - Capítulo 11: Daniel


Hace algunas semanas surgió una idea que me pareció linda. Hay una persona que es muy importante para mí y en uno de esos momentos de magia y conexión, pensamos que sería lindo contar cómo ha sido este camino juntos. Lo dejé ahí, pero con los días fue creciendo en mí la intención de escribirlo y me propuse hacerlo un capítulo de El Libro de la Gratitud. Así que acá va.

Mi persona se llama Daniel. Tiene 40 años. Es colombo-español, pero, como tiene un acento muy marcado, le tratan más frecuentemente como extranjero. Hemos tenido momentos muy divertidos con eso, que a él no le hacen 'ni puta gracia'. De ahí armé el apodo con el que cariñosamente me refiero a él cuando no está presente: ‘mi español’.

Nos conocimos hace cerca de año y medio. Era un sábado de una noche no tan fría en Bogotá. Asistimos por partes separadas a la misma fiesta y nos gustamos de lejos. Recuerdo muy claramente verlo entre la gente y morderme los labios. Lo que siguió a eso fue tenerlo al lado en la barra e iniciar la conversación. Amé el acento desde el primer momento y nos entendimos fácil. Pensé en irme, pero la química fluyó rápidamente... nos fuimos a un lugar aparte y sin saber de qué manera, él me preguntó si podía besarme, a lo que yo respondí con facilidad: bueno :) Y así empezó todo.

Ese día caminamos por muchas calles, casi sin rumbo, compartiendo besos y caricias e historias. El encuentro fue muy feliz. Me dejó en mi casa cerca de la madrugada, sin intercambiar teléfonos. Fue claro para mí que era una persona que no me resultaría fácil descifrar. Pero nos volvimos a ver pronto y fuimos a escuchar jazz: primer regalo de la relación. Estar en ese espacio fue como reconectar con una parte de mí con la que no conversaba hacía tiempo. Los sonidos me alegraron el corazón y luego de varios intentos de espantarlo (sin éxito) con mi amplitud de gustos en la música, hicimos de ella un lenguaje común. Era algo con lo que veníamos ambos por separado, pero fue lindo que la comunicación fluyera fácil por allí. Daniel no tenía puertas cerradas para las experiencias, en especial en los ritmos, así que me sentí muy cómoda, con ese primer escenario de la aceptación.

Las noches de jazz continuaron y se sumaron a tardes de centro, obras de teatro y música, madrugadas que alargábamos justo lo necesario para evitar el sol. Lo que parecía que iba a tratarse de un par de días, se volvió semanas y luego meses. Hablábamos de todo y me sentía identificada en muchos aspectos con su historia de vida, con su manera de sentir. Continué muy atraída por ello y pese a que todo era muy confuso en dinámicas y límites, teniendo la puerta abierta todo el tiempo, me quedé.

El tiempo me llevó a aprender a hablarle de las cosas que al inicio me daban miedo. Me aterraba la idea de asustarlo, así que me callé en ocasiones en las que no debí hacerlo. Pero luego, él estaba allí, dispuesto a escucharme, con esa frase que incorporé a mi léxico del amor: 'cuéntame más'A medida que la capa de hielo de mi corazón se iba derritiendo, empezó a aparecer la ternura entre nosotros, en juegos de cariño y risas y largos ratos de amor. Poco a poco me fui acoplando a sus brazos, a recostarme en su pecho, a consentirlo cuando reposaba sobre el mío, entre canciones de música suavecita.

Fito dice que el amor es un ejercicio. Creo que así fue un poco como se dieron las cosas entre nosotros. Lo nuestro empezó a compás de salsa y con una conexión inicial limitada. Se fue ampliando entre ritmos musicales de todo el mundo y a distintas horas del día. Nos lo fuimos bebiendo entre cervezas, en los sofás de un bar, en la puerta de mi casa o en cualquier cuadra que lo ameritara en la zona céntrica de Bogotá. Se movió por diversos lugares y colores del cielo, con postres muy ácidos para mi resaca y soles demasiado intensos para su espíritu vampiresco. Fue un amor de arrebato, aunque no me di cuenta en un principio. Se me volvió un vínculo innegociable desde el comienzo, pese a que no fue nada bien recibido por nadie en mi entorno. Ahora que lo veo hacia atrás, estuve mucho más allí de lo que pensé que estaba en el momento y tuve un cómplice dispuesto para ello en él.

Daniel también me acompañó en un momento difícil para mí en el que me sentí ahogada en la tristeza.  Tuvimos algunas noches en las que fue saliendo gradualmente el dolor que me habitaba. Yo veía crecer ese sentimiento sin poder hacer nada y no había contención en esa relación, sino más bien un impulso a lidiar con el monstruo, y si había de perecer en sus fauces, pues estaba de dios… Esto me confundió mucho, pero luego acabó por tener sentido y se volvió uno de mis motivos más grandes de gratitud con él.

Al lidiar con este asunto tuvimos unos largos días de distancia que llegaron finalmente a mi cumpleaños, momento en el que había asumido que la historia había quedado allí. Pero, a la media noche de ese día, mientras yo escribía mi manifiesto de ‘ahora sí voy a vivir’, recibí un mensaje suyo de cariño y festejo. Volvimos a estar cerca por un tiempo y la historia continuaba en el punto donde la habíamos dejado. Eso me parecía mágico. Por entonces yo tenía un viaje  programado que inicialmente me llevaría fuera del país por término indefinido y nuevamente pasé casi mi última noche en Colombia en sus brazos. Lo rodeé muy fuerte con los míos y le dije ‘he sido muy feliz contigo’ a lo que me respondió con su acostumbrada jocosidad: ‘y lo que nos falta!’. 

Los meses siguientes nos mantuvimos tan cerca como era posible estando tan lejos. Lo de las charlas cibernéticas nunca fue lo nuestro, así que tuve tiempo de extrañarlo y recordar con cariño lo vivido. Al vernos, fuimos felices de nuevo; no fueron muy frecuentes los encuentros, pero con un color especial. Me quedaba la sensación de amor y el corazón lleno de felicidad. Era extraño para mí que algo tan difuso me hiciera tanto bien.

Ese tiempo de palabras bonitas y cercanía se mantuvo hasta poco tiempo antes de escribir esto, que como ya lo dije, fue por sugerencia del propio Daniel. El tiempo y el cariño hacen lo suyo y de forma suave pero constante fue llegando a un lugar propio en mí. Su amor fue fundamental durante la crisis que logró abrirme el corazón de nuevo, que me permitió contactar con la vida, con su mano en la mía, con esa forma tan bella y tan desconocida para mí, ese 'saber estar' que no buscaba nada más que acompañar. 

Me gusta mucho lo que hemos venido construyendo, porque pese a que esto siempre fue un arrebato, intenso y apasionado, el acercarnos fue paulatino, con una tranquilidad particular. Daniel tuvo siempre claro que esto era algo para mantener en el tiempo y las circunstancias y eso me ha dado el regalo del aprender a amar a las personas como son, con sus maneras, con sus tiempos, disfrutando cada segundo del compartir como si hasta allí fuera a llegar, al tiempo que hemos buscado nutrir, estar presentes, construir.

Gracias por los mil aprendizajes hasta hoy. Gracias por tu amor por la vida que resulta tan inspirador, porque me has contado que no siempre te sentiste así, porque sé que el valor es real y construido a pulso y me invitaste a crear mi propio camino en eso. Gracias por ser el cómplice de fiestas felices y de otras que no lo han sido tanto, por los paseos en moto en que me moría del miedo y que aprendí a amar, por los cafés y los postres, por el arte compartido. Gracias por escucharme de corazón a corazón, eso me ha ayudado a sanar de maneras que apenas te puedo expresar en palabras. Gracias por ser el pretexto para visitar lugares de mí y aprenderme de modos completamente nuevos, quererte de tantas maneras, sentirme tan querida de forma tan real y saber que siempre seguimos siendo tú y yo. Ha sido muy divertido y retador y a veces triste y muy feliz también, pero sin duda emocionante. Y hoy, con todo mi corazón, quiero mucho que siga siendo verdad nuestra frase: !y lo que nos falta!




Te adoro cariño. Eres maravilloso. Gracias por hacerme tanto bien <3


jueves, 21 de febrero de 2019

Dañar


Hace algunos días recibí una muy mala noticia de parte de una persona a quien quiero mucho. Me enteré de que la desconfianza se había instalado entre nosotros. La persona mintió en un contexto de acuerdos previos que se habían hecho con el fin de evitar ese escenario. Me dio muy duro. Sentí en mi corazón la herida. 

Estar en esta situación me hizo pensar en este tema del daño y la manera como nos relacionamos con eso, el lugar en el que nos ponemos cuando somos responsables por algo que ocurre a otros/as.

Nuestra sociedad en general, al menos desde el pensamiento de iberoamérica, tiene grandes dificultades para hablar sobre esto. Tenemos en nuestro haber terribles genocidios y hechos de diferentes tipos de violencia que nos ha costado trabajo abordar. Por lo general hemos elegido diferentes mezclas de dos caminos: o no hablamos de ello y dejamos que el tiempo se ocupe de que ocurra el olvido; o nos enfadamos con la persona que ha recibido el daño y expresamos las muchas razones por las que el hecho pudo ocurrir. En este escenario no negamos casi nunca nuestra acción, pero ponemos el foco en cualquier otro asunto para no ver de frente nuestra responsabilidad.

No está en nuestra cultura el reconocer, porque el miedo, la culpa y la vergüenza nos ponen en una situación muy difícil. De manera que no podemos llegar a decirnos: 'Te hice daño, lo siento' y no seguir con una retahíla de 'pero es que...'. 

El encontrarme en esta situación me puso de frente al hecho de que hoy estoy de un lado, pero estuve del otro muchas veces. Quién sabe cuántas, porque seguro en un montón no me di cuenta. Hubo muchas ocasiones en las que fui yo quien mintió de manera deliberada y generé daño en corazones que eran importantes para mí. El reconocer acá que quizás muchas veces no me di cuenta, hace parte del ejercicio de entender esto de dañar. 

No creo que trivializar el hecho de hacer daño ayude, pero es una gran tentación. Sin embargo, creo que es un buen momento para verlo y hacerme finalmente responsable. Entender, por fin, qué ocurría del otro lado cuando no era tan fácil dejar los problemas de lado. Esperé mucho de personas queridas en su momento, porque no pude entender la forma como lo estaban viendo, porque para mí no era importante, porque simplemente debían dejarlo pasar, desde mi punto de vista, muy atada yo a esta cultura de no lidiar con las cosas.

Pero esto me ha llevado a sentir cuál es la gran enseñanza del daño: No cuánto nos duele cuando estamos allí recibiendo, sino darnos cuenta de cuánto nos herimos a nosotros mismos cuando somos quienes lo causamos. La gente es dueña de su historia y siempre podrá hacerse cargo y seguir. Aprenderá de ese dolor, del mismo modo en que nosotros hemos hecho lo propio estando allí. Pero qué diferente sería esto si también nos diéramos el permiso de darnos cuenta de lo que implica dañar. 

En esto es importante reflexionar sobre cómo nos jugamos en contra en situaciones como ésta: el otro puede ser (y es, bastante seguido) alguien a quien amamos, es decir, no queremos dañarle, por eso es que nos entra la vergüenza, pero a veces nos puede más el escondernos detrás de esa hoja de parra que es el orgullo antes que abrirnos un poco y poner primero ese amor que sentimos. Y el otro lado es el nuestro, la forma como endurecemos el corazón cada vez que herimos a alguien. Como dirían por ahí 'la separación es una ilusión'.

La tentación de hacernos de piedra también siempre está allí. Siempre está esa vela alumbrando ese sendero de oscuridad. Pero también está la montaña, esa del sentir, del mantenernos vivos, de que nunca deje de importarnos, no importa cuánto duela o vuelva a doler... Y lo chévere es que como decían en Tarzan  'If it's you who climb the mountain, it's you who'll reach the peak'.

En la medida en que valoremos nuestras acciones y el peso que tienen, podremos tener más cuidado y cada vez hacerlo menos, reduciendo la duración de esta larga espiral de dolor en la que nos hemos sumido y a nuestros hermanos animales y plantas. 

Pero esto sólo puede venir del hacernos responsables. No desde un lugar de culpa y vergüenza. Claro que duele, claro que tendemos a culparnos, pero es que no se trata de eso, porque eso pone el foco en nuestra vanidad. De lo que se trata es de crecer, de asumir las acciones y de abrir el corazón también cuando estamos del lado de quien daña. Ver las huellas que eso va dejando en nosotros, ver cómo la resistencia al dolor va aumentando y sobre todo poner al otro en el lugar de amor que decimos que le tenemos, hacerlo de verdad. 

Y creo que no se trata de seguir negando el dolor, sino de abrazarlo. Dañar y ser dañado duele, es una realidad que todos y todas hemos podido experimentar en algún momento. Puede que sea tiempo de mirar ese dolor a los ojos e invitarle el café, a ver qué nos tiene que contar. Muy posiblemente nos vamos a sorprender y se abra un nuevo mundo en la puerta de atrás que surja al terminar...

Personas queridas a quienes he causado dolor, lo siento con todo mi corazón. No tengo mucho más qué decir. Ese café también me resulta aterrador, pero en honor a todo lo que consciente o inconscientemente he hecho, prometo que lo voy a intentar.

viernes, 6 de julio de 2018

El Libro de la Gratitud Capítulo 10: Las amigas


Empezamos otro camino en el libro de la gratitud. Hasta el momento se trató de la familia, de las personas que 'siempre' han estado, incluido Sebastián.

Pero hay otros lazos, otros vínculos que no estuvieron siempre, que se han ido descubriendo conforme la película ha ido avanzando... Creo que son las cerezas en el pastel que es la vida que nos fue dada... y me gustaría comenzar por las más dulces de todas: Las amigas!

En la vida de muchas de nosotras, las mujeres, es fácil recordar esa primera persona que vimos en un parque, en el colegio, en una fiesta de cumpleaños: esa niña que con naturalidad se abrió a compartir un dulce, una canción, una pelota y que se quedó con nosotras por mucho o poco tiempo. Recuerdo ahora mismo algunos de esos nombres: Yuly (caray, que ahora es Tatiana), Lina, Liliana, Alba, Mónica, Angélica... Personas que brillan aún en mi memoria y en sus vidas.

Y hay otras, que ya vinieron más grandes y que para mi gran alegría, se han quedado. Cada una de ustedes merece un post, pero no quería postergar más la entrada, así que las voy a relacionar en esta bella ronda femenina que han creado en mi vida.

Como un círculo no tiene inicio ni fin, no sé quién vino primero o cómo fue que se fue quedando. Pero puedo empezar por esos nombres que aparecieron poco a poco en torno a la Universidad Nacional... podríamos empezar por el de Angélica, mi adorada Atreyu #2 (ya vimos que la #1 es Victoria). El encuentro ocurrió en un pequeño salón del edificio Manuel Ancízar, de unos enormes ventanales, que facilitaban la desconcentración al observar el lindo y verde paisaje. La naturaleza fresca contrastaba con la sensación pesada de las horas que pasaban algunos compañeros, discutiendo si era mejor utilizar la palabra imperialismo en lugar de globalización. Me gustó mucho de Angélica que siempre utilizaba muchos y diversos recursos para lidiar con lo diferentes que éramos las personas que acudíamos a su clase de 'contexto'. La amistad surge de formas tan extrañas... y la nuestra empezó porque encontré en ella un corazón que estaba dispuesto a comprender al mismo tiempo el riesgo físico que corría la vida que cargaba yo en ese momento en mi vientre; y el dolor que me atravesaba al perder con esa decisión a mi primer amor. Nunca dijo nada, simplemente estuvo allí con su linda sonrisa y eso nos hizo buenas amigas. 

Adoro hablar de ella. De su corazón gigante y generoso, de sus maneras suaves y respetuosas, de su lucha incansable por dar a luz y mantener iniciativas llenas de vida y a la vez su incoherencia al expresar su poca fe en la humanidad. Angélica es una de mis maestras y de mis mejores amigas, esas mujeres a las que una admira y da gracias por tener el privilegio de poder compartir pequeños ratos de su existencia.

Otra de mis historias de la Nacho surgió una tarde en la que me dio pereza entrar a clase de 6 de la tarde y tuve la fortuna de que Carolina se sintió de forma similar. Nos quedamos en la mitad de las escaleras de la mitad del edificio, hablando del amor y de los sueños que teníamos a nuestros tiernos 16 años. Ya la había visto antes, incluso habíamos cruzado un par de palabras. Carolina daba miedo, no tenía mucha disposición de permitir la cercanía de la gente... Pero ese día, entre historias de Verónikas y García Márquez, encontré uno de esos vínculos que habría de esmerarme en conservar. Las vueltas que da la vida nos han traído a charlas en medio de la ropa de los niños y en el balcón mientras nuestros hijos conocen un vínculo que los une desde mucho antes de nacer. Caro es una de esas mamás con las que todas soñamos ser. La paciencia que le falta con la gente del común le ha sobrado con sus hijos y se ha expresado en creatividad y recursos infinitos para comunicarse con ellos y hacer su vida más linda. Siempre hemos sido la mancha amarilla en el mundo rojo de la otra, ese pedazo que nos lleva a decir: ¿Cómo fue que terminamos siendo amigas? Pero así es... Y con los años y los cafés y mis ensaladas de pepino y aguacate ('Oye! Sí sabía rico!), los cumpleaños que siempre son el 16 de octubre y los pequeños corriendo por las casas de ambas,  hoy somos todo este amor que nos une y que nos da un poco más de confianza para conectar cuando es difícil hacerlo con alguien más.

Y la ronda se amplió mucho más en la UNal con mis amigas adoradas, que no contentas con animar fiestas en el frío de la Castellana y al final de la ciudad, también se bancaron la paciencia para atravesar mil trabajos en grupo hasta que por fin se nos dio lo de recibir el título de 'Politólogas'... Paloma, Clau, Juliana, Andrea, Andre, Liz... Son amistades que trascienden el tiempo y el espacio. Muchos momentos felices vienen a mi memoria. Estar en medio de mi casa vacía y fría en Toluca y luego viendo plantitas de invernadero y plantas de cerveza con Juli; o vino y un par de quesos en algún cafecito de Montmartre y luego bailes felices animados por el amor transatlántico de Liz; o la escucha sonriente y silenciosa y de ojos grandes de Paloma; o las flores bonitas en esos momentos en que las que han tomado ese camino, han hecho sus promesas de amor a compañeros maravillosos. Me sigo sintiendo en casa cada vez que comparto con ellas, como si fuéramos las mismas que perdían la noción de la realidad casi a las afueras de la ciudad por el norte :) Su apoyo en mi camino como mamá, como profesional, como amiga, ha sido un tesoro que quiero seguir nutriendo en cada novena bailable o matrimonio en algún lugar del planeta, o fiestas de 15 años que vengan.

México lindo, querido...y feminista

La vida es generosa y mi ronda por ello se extiende más allá de las fronteras de esta linda Colombia... Hace unos años la vida quiso que me encontrara en otras tierras y que pudiera conocerme a través de los ojos de corazones nuevos, de hombres y mujeres. En ese camino vinieron a mí mujeres que no tengo cómo describir... libres, amorosas, generosas, inteligentes... Pero sobre todo, no tengo manera de agradecer lo mucho que nutrieron mi ser, mi mente, mi corazón. Me descubrí feminista en medio de las charlas interminables sobre la desigualdad y la experiencia cotidiana de ser mujer, alrededor de un tinto o una cerveza. 

Un universo de posibilidades se abrió a través de esas manos que preparaban comida al son de la buena conversación. Todos los tipos de ser fueron en ellas: Rosi y su paciencia y cariño al seguirme en mis locuras en la maestría; Ele, que me sirvió de espejo cuando decidí dejar atrás por un tiempo mi cabello, con su manera de reafirmarse irreverente, sin límites, enamorada hasta los huesos de su Mane; Jeza, tan bien puesta, tan mamá, tan esposa, tan lideresa, con sus palabras de consejo serenas pero determinadas; Chío, pura intelectualidad y al mismo tiempo con su bondad; Ana, tan brillante, tan libre, tan profundamente sensible; Rozarito con su amor y cuidados desmedidos en medio de pasteles; y mi adorada Isa, que me abrió ese mundo con sus tecitos, sus cafés y sus quesadillas con quelites recién cortadas. Isa corazón grande, seria, muerta de risa, mi bella amiga, la pura maldat.  No hubo un momento de aburrimiento, no hubo descanso en el asombro que implicaron estas increíbles mujeres, encontré su acogida incondicional a mi maternidad, tanta receptividad. 

Y finalmente, las nuevas amigas, las del mundo de la profesión en forma, de la nueva aventura que se mueve hoy por hoy en mi historia. El mundo que hasta ahora he elegido para crear, me ha llevado a conocer seres de profunda nobleza, que de verdad ponen el corazón en el día a día, que inspiran con sus vidas. No hay cómo hacerle con los favoritos, pero me encanta pensar en la mija Lauris y lo felices que fuimos al encontrar, la una en la otra, un lugar mexicano que compartir en Bogotá y las mil trasnochadas sostenidas sólo por la fe en el trabajo bien hecho; y Caro M y su conciencia al identificar en qué punto de nuestros dolores conectamos, pese a ser tan diferentes... sus consejos bonitos para mí y para mi pequeña, su generosidad a la hora de ser anfitriona, su confianza a la hora de compartir el camino que le llevó al amor; Kellys Navaja y su alegría despampanante que le ha ganado fotos con presidentes; Jhova con esa mezcla entre cómplice y mamá que cuida y va guiando en esta ruta que he elegido; Vivi y su determinación en sus posturas; y mi Cata adorada... ese sabor chocuano envuelto en un paquete de ojos grandes y claros que ha sabido apoyarme en túneles oscuros hasta que he llegado al final. Se me quedan muchas personas por fuera...

Gracias a todas por su presencia mujeres queridas, valientes, amorosas, inteligentes. Ustedes me han enseñado la mejor lección y uno de los valores más importantes de mi vida: la sororidad. No hay otra manera de aprender eso... hay que permitir a las mujeres entrar en la vida de una y llenarla de brillo y color. Aprender a valorar la belleza, el cuidado, la entrega que esa presencia trae. Gracias por la vida que han compartido conmigo, por los caminos cortos o largos que hemos transitado, por la paciencia y las discusiones. Gracias por existir y por permitirme ser parte de esta aventura colectiva que es encontrarse mujer en este mundo. Les quiero con todo mi corazón!!!